En el siglo VI ocurrió uno de los episodios más devastadores para la humanidad: un oscurecimiento prolongado del cielo que transformó el clima global y dejó a las sociedades de la época en una situación de vulnerabilidad extrema. Crónicas históricas describen cómo, en el año 536, el sol perdió su brillo habitual y quedó cubierto por un velo que lo hacía parecer “como la luna”. Este fenómeno se extendió por buena parte del hemisferio norte, sumiendo ciudades enteras en una penumbra persistente.
Durante 18 meses, la luz solar se redujo drásticamente, causando una caída repentina de las temperaturas y alterando la vida cotidiana. La ciencia moderna ha identificado el origen de ese misterio: una erupción volcánica masiva que arrojó enormes cantidades de sulfatos a la atmósfera. Estos aerosoles bloquearon la radiación solar, generando un enfriamiento abrupto que dio inicio a una de las décadas más frías de los últimos 2.300 años.
Las consecuencias fueron inmediatas y profundas. Registros en China documentaron nevadas durante el verano, mientras que en Irlanda se dio una severa escasez de alimentos entre 536 y 539. Las fallas en las cosechas, la hambruna y el desorden social se expandieron por múltiples regiones, debilitando a sociedades ya afectadas por la inestabilidad política y económica.
A este deterioro climático se sumó, pocos años después, otro golpe catastrófico: la Peste de Justiniano, que irrumpió entre 541 y 549 d.C. Esta epidemia de peste bubónica se propagó rápidamente por rutas comerciales, causando la muerte de entre un tercio y la mitad de la población en algunas zonas. La combinación de hambre, frío y enfermedad aceleró el declive del Imperio Romano de Oriente y devastó regiones enteras.
Los análisis climáticos muestran que el fenómeno no se limitó a una zona específica: Europa, Oriente Medio y el norte de África sufrieron graves pérdidas agrícolas, disminución demográfica y una caída significativa de la actividad económica. Para los investigadores Michael McCormick y Paul Mayewski, el año 536 marca el inicio de uno de los periodos más oscuros y difíciles de la historia humana.
Este episodio demuestra cómo una cadena de desastres naturales —erupciones volcánicas, enfriamiento global y epidemias— puede transformar profundamente a las sociedades humanas. Aunque ha pasado más de un milenio, sigue siendo un recordatorio contundente de nuestra vulnerabilidad frente a los cambios abruptos del medio ambiente y la propagación de enfermedades.
Sin embargo, también es un testimonio de resiliencia. A pesar de la oscuridad, el colapso agrícola y la peste, las comunidades sobrevivieron, se reorganizaron y reconstruyeron sus mundos. Comprender lo ocurrido en 536 d.C. no solo ilumina un capítulo crítico de nuestra historia, sino que ofrece valiosas lecciones para anticipar riesgos y enfrentar crisis futuras.






















