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«¡Basta ya!»: Culiacán marcha por la paz en una jornada histórica de esperanza y resistencia

por | Sep 7, 2025

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En una mañana cargada de simbolismo, dolor, y esperanza, miles personas salieron a las calles de Culiacán para exigir lo que, por derecho, debería ser lo más básico: vivir sin miedo. 

Bajo el lema “¡Basta ya!”, ciudadanos de todas las edades y sectores sociales se unieron en una marcha histórica por la paz, a casi un año de que la violencia se intensificara en la capital sinaloense y otras regiones del estado.

Desde temprano, el corazón de la ciudad latía al ritmo de miles de pasos decididos que subieron las escalinatas del santuario de La Lomita, ahí, el Obispo de Culiacán, Jesús José Herrera Quiñónez, ofreció un mensaje contundente: “La paz no es un privilegio, es un derecho, y construirla es tarea de todos”.

Con voz serena pero firme, el obispo llamó a la unidad y a la corresponsabilidad, apelando tanto a las autoridades como a los ciudadanos:

“Las lágrimas de quienes han perdido familiares, negocios o empleos deben ser semilla de esperanza para una ciudad más justa y fraterna. La paz exige compromiso, verdad y justicia.”

Tras su bendición, el contingente comenzó su recorrido por la avenida Álvaro Obregón en un acto tan ordenado como emotivo, niños con globos blancos, madres con fotografías de hijos desaparecidos, ancianos en sillas de ruedas, jóvenes, empresarios, profesionistas, trabajadores, artistas, incluso mascotas: todos caminando al unísono, todos con un mismo mensaje: «Ya no más sangre. Ya no más miedo.»

Con velas encendidas, pancartas con frases como “Merecemos vivir en paz” y “Queremos justicia”, y un profundo respeto por la memoria de las víctimas, la marcha avanzó como un río de dignidad, a cada paso, se escuchaban testimonios espontáneos, lágrimas compartidas y oraciones murmuradas entre abrazos.

Uno de los momentos más conmovedores fue cuando un grupo de madres con hijos desaparecidos se colocó al frente del contingente, alzando las fotos de sus seres queridos y gritando con una fuerza que estremecía: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”.

Eran rostros que el crimen ha querido borrar, pero que la memoria colectiva se niega a olvidar.

Al llegar frente a la Catedral de Culiacán, el contingente se reunió en torno a un templete donde distintas voces se alzaron para compartir experiencias, hacer denuncias y proponer soluciones, ahí, la presidenta de COPARMEX Sinaloa, Martha Elena Reyes Zazueta, reafirmó que esta movilización nace del pueblo y no obedece a intereses políticos.

“Venimos a protestar por los que ya no pueden hacerlo, por los que se fueron y por los que decidimos quedarnos y resistir. Este es solo el comienzo. No nos van a callar, no nos van a parar.”

Su intervención también hizo eco en un tema urgente: la recuperación del tejido social desde la educación, las familias y la cultura. 

“No podemos permitir que la delincuencia siga secuestrando el futuro de nuestros jóvenes. La escuela, la calle, el barrio, deben volver a ser espacios seguros”.

Las estadísticas que se dieron a conocer durante el evento fueron estremecedoras, pero necesarias para entender la magnitud del problema:

1-. Más de 3 mil personas desaparecidas en el último año.

2-. Más de 2 mil homicidios.

3-. 30 mil millones de pesos en pérdidas económicas.

4-. Más de 20 mil empleos perdidos 6 mil vehículos robados.

Son cifras frías que esconden tragedias humanas, pero también una sociedad que ya no está dispuesta a seguir normalizando la violencia.

La marcha concluyó con una oración colectiva frente a la Catedral, donde miles de velas encendidas iluminaron la plaza como símbolo de fe y resistencia. 

En su mensaje final, el Obispo Herrera Quiñónez recordó que la paz es una meta posible si se construye desde abajo, con verdad y amor al prójimo:

“La paz es más que la ausencia de balas. Es la presencia de justicia. Es la voz que se alza sin odio, pero con firmeza. Y es la esperanza que se niega a morir, incluso en medio de la oscuridad.”

La jornada de este domingo no fue solo una marcha. Fue un grito colectivo. Fue un acto de amor por una tierra que ha sufrido demasiado. Fue el recordatorio de que el verdadero poder reside en la gente cuando decide unirse.

La imagen de miles de personas caminando juntas por la paz quedará grabada en la historia de Culiacán como un hito de valentía ciudadana.

Hoy, Sinaloa habló fuerte y claro: no se rinde, no olvida y no deja de luchar.

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