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“A las 2 de la mañana todo vuelve”: sobrevivientes relatan el trauma del bombardeo a Venezuela

por | Ene 9, 2026

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A días del ataque militar que impactó el Bloque 12 en Catia La Mar, los sobrevivientes siguen reconstruyendo, desde la memoria y el miedo, la madrugada en la que un proyectil cayó sobre sus hogares. Para ellos, el bombardeo no es una noticia reciente, sino una experiencia que se repite cada noche.

Wilman González, electricista de 54 años, recuerda con precisión el momento exacto del impacto. Eran las 2:00 de la mañana cuando la explosión lo lanzó contra una pared dentro de su departamento. Tirado en el suelo, creyó que había muerto. Al recobrar el sentido, descubrió que tenía una astilla de madera incrustada en el rostro y, aun herido, salió a auxiliar a sus hermanos.

El recuerdo más doloroso es el de su tía Rosa González, de 79 años, quien dormía en la habitación contigua. La onda expansiva proyectó una lavadora que cayó sobre ella. Aunque Wilman logró sacarla y llevarla al hospital, la mujer murió horas después. “Esa parte del misil quedó en su cuarto”, dice, mientras observa los escombros de lo que fue su hogar.

Hoy, Wilman vive temporalmente en casa de un familiar. Frente a las ruinas del edificio, asegura que el miedo persiste. “Nunca hemos estado en una guerra”, repite, mientras describe cómo los restos del proyectil fueron retirados por las autoridades, pero el impacto emocional permanece intacto.

Jorge Cardona, de 70 años, estaba despierto en la sala cuando escuchó un estruendo seguido de una llamarada. El impacto derribó paredes y arrasó con muebles. Quedó tirado entre polvo y escombros. “Estamos vivos de milagro”, afirma, aún sorprendido de haber sobrevivido a algo que, dice, solo había visto en películas.

Para Jesús Linares, coronel de bomberos con 28 años de servicio, el recuerdo inicia con un zumbido que lo despertó. Pensó que era un fuego artificial, hasta que su hija de 16 años le preguntó qué estaba pasando. “Nos están invadiendo”, le respondió antes de sacarla de la cama.

La explosión destruyó la entrada de su vivienda y lo arrojó al suelo. Descalzo y rodeado de vidrios, buscó ropa y zapatos para evacuar a su hija y a su madre de 85 años. Luego entró al departamento de una vecina, a quien encontró herida y desorientada, y le improvisó vendajes para detener la hemorragia.

Jesús reconoce que reaccionó de forma automática, aplicando protocolos de emergencia similares a los de un sismo. Esa reacción, dice, le permitió salvar vidas. Sin embargo, el episodio dejó secuelas: desde el ataque se despierta todas las madrugadas a la misma hora del impacto.

“A las 2:00 retrocede la película”, confiesa. El sonido, el miedo y la oscuridad regresan con exactitud. Aunque hoy ayuda en las labores de reconstrucción del Bloque 12, aún no puede dormir con normalidad.

Entre paredes derrumbadas, vidrios rotos y objetos personales esparcidos, los sobrevivientes coinciden en que lo más difícil no es haber perdido sus casas, sino cargar con el recuerdo permanente del ataque. Para ellos, la guerra no terminó cuando cesaron las explosiones: continúa cada noche, en la memoria.

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