El Inter de Porto Alegre inició una nueva era… pero también una crisis inesperada.
En su octava etapa como técnico del club, Abel Braga generó un incendio mediático antes de dirigir siquiera su primer entrenamiento.
Al ver a sus jugadores usando la camiseta rosa —prenda diseñada por adidas para apoyar la lucha contra el cáncer de mama— declaró que parecían “maric*nes”, comentario que desató indignación inmediata entre aficionados, prensa y la directiva.
Lo que quizá intentó ser humor terminó siendo un episodio homofóbico que le dio la vuelta al mundo y puso al club en alerta.
En horas, la presentación del técnico se convirtió en un problema institucional: reclamos de aficionados pidiendo su salida, molestia en el vestidor y voces del futbol brasileño exigiendo sanciones.
Mientras Braga agradecía la “oportunidad” a Andrés D’Alessandro, la polémica ya ardía en todos los frentes, recordando que el futbol moderno no tolera discursos discriminatorios.
Un arranque turbulento para un proyecto que apenas comenzaba.






















