Más de 30 personas murieron y al menos 20 resultaron heridas tras la explosión de una bomba en la ciudad de Sange, en Kivu del Sur, luego de un enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC) y la milicia progubernamental Wazalendo. El incidente ocurrió apenas días después de que se firmara en Washington un acuerdo de paz que había sido presentado como un avance significativo hacia la estabilidad en la región.
Residentes y líderes comunitarios señalaron que el choque entre ambas fuerzas ocurrió cuando soldados de las FARDC, que regresaban del frente, intentaron avanzar hacia la ciudad de Uvira sin autorización. La disputa escaló hasta derivar en disparos y finalmente en la detonación que dejó decenas de víctimas. Civiles describieron escenas de caos y pánico, con familias huyendo hacia Burundi ante el temor de nuevos ataques.
El este del Congo ha sufrido por décadas la presencia de más de 100 grupos armados, entre ellos el M23, respaldado por Ruanda. Este conflicto ha generado una de las peores crisis humanitarias del mundo, con más de siete millones de desplazados. Aunque el acuerdo mediado por Estados Unidos buscaba reducir la violencia, los enfrentamientos continuaron tanto en Sange como en otras zonas de Kivu del Sur, según testimonios de residentes y organizaciones civiles.
Las tensiones también se expresan en la dificultad para distinguir a los actores armados. Habitantes denunciaron que tanto insurgentes como soldados atacan a civiles, lo que incrementa el clima de incertidumbre. A pesar de las demandas de la población para detener la guerra, el ejército congoleño no ha emitido una postura oficial sobre los hechos recientes.
En el plano político, el presidente Félix Tshisekedi acusó públicamente a Ruanda de violar el acuerdo de paz y de organizar ataques desde su territorio con el objetivo de desestabilizar al Congo y saquear sus recursos naturales. Según el mandatario, incluso el mismo día de la firma del pacto se habrían lanzado ofensivas desde Bugarama, lo que describió como una “agresión por poder”.
La situación continúa deteriorándose. En días recientes, el grupo M23 tomó las ciudades de Goma y Bukavu, intensificando la crisis en el este congoleño. La ONU señala que los rebeldes cuentan con el apoyo de alrededor de 4 mil soldados ruandeses y que incluso han amenazado con avanzar hacia Kinsasa, la capital del país, ubicada a más de 1,600 kilómetros, lo que subraya la fragilidad del acuerdo y el riesgo de una escalada mayor.






















