Un atacante suicida se inmoló frente a un tribunal de distrito en Islamabad, Pakistán, dejando un saldo de al menos 12 personas muertas y 27 heridas. El ministro del Interior, Mohsin Naqvi, informó que el agresor detonó sus explosivos junto a un vehículo policial tras no poder ingresar al recinto. El ataque ocurrió al mediodía, cuando el área estaba llena de visitantes y abogados, provocando escenas de caos y pánico. Hasta el momento, ningún grupo ha reivindicado el atentado.
Naqvi acusó a “elementos respaldados por India y aliados talibanes afganos” de estar detrás del ataque, aunque subrayó que las investigaciones continúan. Las víctimas, en su mayoría civiles que asistían a audiencias judiciales, fueron trasladadas de urgencia a hospitales locales. Testigos describieron una explosión tan potente que se escuchó a varios kilómetros y relataron escenas de confusión mientras las ambulancias llegaban al lugar.
El ataque en la capital se produjo pocas horas después de otro intento de asalto en un colegio de cadetes en Wana, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, cerca de la frontera con Afganistán. En ese incidente, fuerzas de seguridad paquistaníes frustraron el intento de un grupo de milicianos —entre ellos un atacante suicida con coche bomba— que buscaban tomar rehenes. Según las autoridades, dos de los agresores fueron abatidos y tres más quedaron acorralados dentro de un bloque administrativo del complejo.
El Talibán paquistaní (TTP), que mantiene lazos con los talibanes afganos, fue señalado por las autoridades como responsable del ataque, aunque el grupo negó su participación. El primer ministro Shehbaz Sharif condenó tanto el atentado en Islamabad como el intento de toma en Wana, y ordenó investigaciones exhaustivas para llevar a los responsables ante la justicia. “No permitiremos que la sangre de inocentes paquistaníes se desperdicie”, declaró el mandatario.
Estos ataques ocurren en un contexto de creciente violencia en Pakistán, donde el TTP ha intensificado sus acciones desde la llegada al poder de los talibanes en Afganistán en 2021. Las autoridades temen que los líderes del grupo estén refugiados en territorio afgano. La situación recuerda el trágico ataque de 2014 en Peshawar, cuando insurgentes mataron a 154 personas —en su mayoría niños— en una escuela del ejército.
La tensión entre Pakistán y Afganistán también se ha agravado en los últimos meses. Kabul acusó a Islamabad de ataques con drones que dejaron varias víctimas el 9 de octubre y advirtió sobre represalias. Los enfrentamientos fronterizos que siguieron cobraron decenas de vidas hasta que Qatar logró mediar un alto el fuego el 19 de octubre, actualmente en vigor.
Pese a los esfuerzos diplomáticos, las conversaciones de paz celebradas en Estambul no han tenido éxito. Afganistán se negó a ofrecer garantías por escrito de que no permitirá que grupos armados como el TTP utilicen su territorio para atacar a Pakistán. Un alto el fuego anterior, firmado en 2022 y mediado también por Kabul, colapsó cuando el TTP acusó a Islamabad de incumplir los acuerdos, lo que ahora mantiene la región en una peligrosa espiral de violencia.






















