Por tercer año consecutivo, una descarga masiva de agua proveniente de un lago glaciar en Alaska amenazó a Juneau, la capital del estado. Sin embargo, gracias a las barreras contra inundaciones instaladas el año pasado, la ciudad logró evitar daños mayores, incluso cuando el río Mendenhall alcanzó niveles históricos esta semana. El fenómeno inició el martes en Suicide Basin, un lago glaciar conectado al glaciar Mendenhall, que se llena de agua por lluvia, nieve y deshielo hasta que rebasa su capacidad y libera el flujo hacia el lago y río Mendenhall.
El río, que bordea el oeste de Juneau, registró un nuevo récord de 5,07 metros la mañana del miércoles, superando el máximo de 4,88 metros alcanzado en 2023. El nivel subió más de dos metros en menos de un día antes de comenzar a descender rápidamente. Aunque se previó una inundación leve hasta la noche, las autoridades esperan que el cauce vuelva a la normalidad el jueves.
Las medidas preventivas, como barreras instaladas en zonas habitadas por unas 1.000 personas y negocios, fueron clave para evitar el desastre. Entre los recursos desplegados se incluyeron 11.521 metros de barreras HESCO, grandes módulos llenos de arena para contener agua, y más de 100.000 sacos de arena, proporcionados en parte por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos.
El caso de Juneau refleja una tendencia preocupante: el derretimiento acelerado de glaciares en todo el mundo, que está generando lagos glaciares más grandes y frecuentes. Según un estudio de 2024, este fenómeno incrementará la probabilidad de inundaciones repentinas en el futuro, poniendo en riesgo a comunidades cercanas a zonas glaciares.






















