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“Bluetoothing”: la peligrosa práctica que acelera la propagación del VIH en el mundo

por | Oct 9, 2025

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Una alarmante tendencia conocida como “bluetoothing” preocupa a las autoridades sanitarias internacionales por su papel en el aumento de las tasas de VIH en distintas regiones del planeta. La práctica consiste en inyectarse sangre de otro consumidor de drogas con el fin de obtener un efecto secundario y económico. Aunque parezca extrema, se ha detectado en países como Fiyi, Sudáfrica y Tanzania, donde los brotes de VIH han crecido de manera preocupante. Expertos la describen como una forma de consumo “impensablemente peligrosa”, mucho más riesgosa que compartir agujas.

Según investigadores y funcionarios de salud pública, el bluetoothing ha contribuido a uno de los crecimientos más rápidos del VIH en Fiyi, donde las nuevas infecciones se multiplicaron por diez entre 2014 y 2024, de acuerdo con datos de ONUSIDA. Las autoridades atribuyen esta expansión no solo al intercambio de sangre, sino también a la falta de acceso a jeringas limpias, el estigma social hacia los consumidores y las relaciones sexuales sin protección. Los casos afectan especialmente a jóvenes de entre 15 y 34 años, muchos de los cuales ya se encuentran en tratamiento antirretroviral.

El fenómeno se ha extendido también en Sudáfrica, Tanzania y Pakistán, donde las condiciones de pobreza, la represión policial y el aumento del precio de las drogas han llevado a los consumidores a recurrir a métodos alternativos para drogarse. En Tanzania, la práctica conocida como flashblooding ha llegado incluso a los suburbios, afectando de manera desproporcionada a mujeres que viven en condiciones precarias. En Sudáfrica, un estudio del profesor Brian Zanoni, de la Universidad de Emory, reveló que el 18% de los consumidores inyectables admitió haber compartido sangre.

Los expertos explican que el bluetoothing se realiza cuando un primer usuario se inyecta heroína o metanfetamina, y luego otro se introduce su sangre esperando obtener el mismo efecto. Sin embargo, el grado de intoxicación suele ser menor, e incluso algunos médicos creen que el efecto es más psicológico que real. Aun así, los riesgos de transmisión de VIH, hepatitis y otras infecciones son altísimos, ya que basta una mínima cantidad de sangre contaminada para transmitir miles de partículas del virus.

A pesar de lo limitado del fenómeno, los especialistas advierten que incluso un pequeño grupo de usuarios puede desencadenar una crisis sanitaria. “Por cada gota de sangre de una persona con VIH hay miles de partículas a las que te estás exponiendo”, advierte Zanoni. La directora de Harm Reduction International, Catherine Cook, subraya que la práctica es “la forma perfecta de propagar el VIH” y una llamada urgente a fortalecer los programas de reducción de daños.

En Fiyi, la falta de recursos y el estigma hacia los consumidores complican la respuesta sanitaria. El representante regional de ONUSIDA, Eamonn Murphy, explicó que el bluetoothing es parte de un problema más amplio que incluye pobreza extrema, desinformación y políticas represivas. “Estamos viendo morir a jóvenes por el VIH, niños implicados en el consumo de drogas y relaciones sexuales sin protección”, señaló. Para los expertos, solo una intervención pública decidida podría detener la expansión del virus en la región.

El bluetoothing, además de su riesgo biológico, puede causar reacciones graves por incompatibilidad sanguínea, incluso cuando no haya transmisión viral. Los médicos advierten que el fenómeno refleja una crisis social más profunda: la falta de educación sanitaria, la marginación y la ausencia de políticas efectivas de prevención. Como resume Murphy, “el verdadero reto será implementar programas de reducción de daños antes de que el bluetoothing desate una nueva ola de infecciones que podría haberse evitado”.

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