Una mujer identificada como Ari Gisel, de 23 años, fue sentenciada a 20 años de prisión por su participación en el asesinato de los hermanos australianos Jake y Callum Robinson y del estadounidense Carter Rhoad, cuyo vehículo fue robado durante un viaje de surf en Baja California en abril de 2024. Los jóvenes fueron reportados como desaparecidos y, días después, hallados con heridas de bala en un pozo. La acusada se declaró culpable en un juicio abreviado, lo que redujo su pena inicial de más de 30 años.
Durante la audiencia, Ari Gisel admitió que instigó el robo sugiriendo a los agresores que los turistas llevaban “buen teléfono y buenas llantas”. Los responsables materiales del crimen —Irineo Francisco “El Yuni” o “El Junior”, Jesús Gerardo “El Kekas” y Ángel Jesús— siguieron a las víctimas hasta un campamento aislado en Santo Tomás, donde las asesinaron al resistirse al asalto. Los apellidos de los implicados no fueron revelados oficialmente.
Los tres hombres enfrentan aún procesos judiciales y dos de ellos, presuntamente ligados al Cártel de Sinaloa, permanecen en la prisión de máxima seguridad de El Hongo. No obstante, fiscales citados por la cadena ABC descartan que los homicidios estén vinculados al crimen organizado, pese a estos antecedentes. Ángel Jesús es procesado desde otro penal en Ensenada.
Las familias de las víctimas participaron en la audiencia por videoconferencia y expresaron su dolor. Debra Robinson, madre de Jake y Callum, lamentó la pérdida de sus hijos y los planes truncados de sus vidas. Los hermanos vivían entre Australia y San Diego; Callum era integrante de la selección australiana de lacrosse, mientras que Jake estaba por comenzar un trabajo como médico.
La familia de Carter Rhoad también compartió testimonios conmovedores. Su prometida, Natalie Wiertz, recordó entre lágrimas que estaban a meses de casarse y describió que su vida “ahora es una pesadilla”. Rhoad trabajaba en una empresa de servicios tecnológicos en San Diego y tenía 30 años.
Ari Gisel pidió perdón a los familiares y aseguró que no imaginó que el robo terminaría en un triple homicidio. Dijo estar concentrada en “ser una mejor persona” y lamentó profundamente las pérdidas ocasionadas. Su declaración de culpabilidad permitió acelerar el proceso y reducir su sentencia.






















