La cumbre climática COP30 concluyó en Belém, Brasil, con un acuerdo respaldado por 24 líderes mundiales, pero criticado por no incluir un compromiso explícito para abandonar las energías fósiles. El pacto, llamado “Mutirão”, apuesta por acelerar la acción climática de manera voluntaria y plantea triplicar el financiamiento destinado a la adaptación de los países en desarrollo, aunque muchos participantes lo consideraron insuficiente tras negociaciones tensas.
El acuerdo incluye una iniciativa voluntaria para que los países reduzcan más su huella de carbono con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5 °C. También establece esfuerzos para “al menos triplicar” hacia 2035 los recursos financieros destinados a adaptación, en comparación con los 40 mil millones de dólares anuales proyectados para 2025. Sin embargo, la presión de más de 80 países —incluidos europeos, latinoamericanos e insulares— no logró que se aprobara una hoja de ruta para la eliminación de los combustibles fósiles.
El presidente de la COP30, André Correa do Lago, anunció que impulsará iniciativas voluntarias para avanzar en la transición energética y combatir la deforestación, pero subrayó que no serán decisiones obligatorias para todos los países. Las propuestas para dejar atrás el gas, petróleo y carbón perdieron fuerza frente a la oposición de naciones productoras como Arabia Saudita, lo que llevó a que la Unión Europea cediera en sus demandas de un texto más ambicioso.
El resultado generó críticas de países como Francia, que calificó el acuerdo de “plano” y evidenció las profundas divisiones entre países desarrollados y en desarrollo respecto al futuro de las energías fósiles. Aun así, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, defendió el documento asegurando que “la ciencia prevaleció, el multilateralismo ganó”, destacando que se logró avanzar pese al complejo contexto internacional.
Lula señaló que, en un año en el que el planeta superó por primera vez el umbral de 1.5 °C respecto a los niveles preindustriales, era crucial sostener el impulso climático: “Elegimos continuar”. Celebró también la amplia participación social, catalogando esta cumbre como la segunda más concurrida de la historia.
Por su parte, China consideró el resultado un “éxito en una situación difícil”, subrayando que la comunidad internacional mantiene la voluntad de cooperar para enfrentar el cambio climático, según declaró su principal negociador, Li Gao.






















