La elección de “rage bait” como palabra del año por parte del Diccionario de Oxford evidencia la creciente influencia de las redes sociales y de la cultura digital en el lenguaje y en el comportamiento colectivo. El término, definido como “contenido en línea creado deliberadamente para provocar ira o indignación con el fin de aumentar el tráfico web y la interacción”, experimentó un aumento de uso tres veces mayor en los últimos doce meses, lo que motivó su selección.
Casper Grathwohl, presidente de Oxford Languages, explicó que la popularidad de esta expresión refleja una táctica cada vez más visible en el entorno digital: la explotación de la indignación como herramienta para captar la atención de los usuarios. Según señaló, la sociedad comienza a reconocer que ciertos contenidos buscan alterar deliberadamente el ánimo del público, lo que favorece su difusión y repercusión en redes.
Aunque el término surgió en 2002 en un foro de Usenet para describir la provocación entre conductores, su significado ha evolucionado hacia el ecosistema digital. Hoy, “rage bait” se aplica al contenido diseñado para generar reacciones negativas que impulsan el debate, la polarización y, en consecuencia, la visibilidad mediática. Marcas, influencers y creadores de contenido recurren a esta táctica, beneficiados por algoritmos que priorizan las publicaciones que generan fuertes emociones.
Grathwohl destacó que internet ha dejado atrás el modelo basado en la curiosidad y el clic para centrarse en manipular emociones, lo que representa un cambio profundo en la forma de captar la atención. Esta tendencia se conecta con otras preocupaciones expresadas por Oxford en años recientes: en 2024, la palabra del año fue “brain rot”, relacionada con el agotamiento mental provocado por el consumo de contenido irrelevante.
Ambos términos conforman, según el especialista, un ciclo donde la indignación alimenta la interacción, los algoritmos amplifican esa reacción y la sobreexposición termina generando fatiga mental. Así, las palabras elegidas no solo nombran fenómenos emergentes, sino que revelan cómo las plataformas digitales afectan la forma de pensar y de relacionarse de las personas.
El proceso de selección de la palabra del año implicó analizar un corpus de 30.000 millones de palabras y contó con la novedad de presentar a los términos finalistas como “candidatos” en vídeos verticales, con la participación de más de 30.000 votantes. “Rage bait” se impuso finalmente sobre “biohack” y “aura farming”.
En síntesis, el auge de este concepto refleja la preocupación creciente por las tácticas de manipulación emocional en internet y subraya la importancia de identificar los mecanismos que moldean la interacción digital. Como recordó Grathwohl, el propósito de la Palabra del Año es invitar a reflexionar sobre quiénes somos como sociedad a través del lenguaje que utilizamos.






















