Los conflictos armados no solo dejan muerte, heridos y destrucción en los centros de población, también generan efectos graves en el medio ambiente que a menudo pasan desapercibidos. La degradación acelerada de los ecosistemas y prácticas como la tala inmoderada para debilitar al enemigo son parte de estas consecuencias.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, al menos el 40 por ciento de los conflictos en el mundo están vinculados con la explotación de recursos naturales como petróleo, agua, tierra fértil o madera. En las últimas seis décadas, más de dos terceras partes de las regiones con alta biodiversidad han sufrido guerras, lo que pone en riesgo su conservación.
Este 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, instaurado por la ONU en 1994 para crear conciencia sobre la importancia de esta barrera natural. El ozono, ubicado entre los 15 y 50 kilómetros de altitud, protege a la Tierra de la radiación ultravioleta tipo B, altamente dañina para cualquier forma de vida.
La ONU subraya que ecosistemas saludables y recursos bien gestionados reducen considerablemente el riesgo de conflictos armados. Por ello, insiste en que la preservación ambiental debe integrarse a las estrategias de prevención de guerras y al sostenimiento de la paz global.
Un ejemplo del daño bélico al medio ambiente ocurrió en las dos Guerras Mundiales, cuando toneladas de armamento fueron arrojadas al mar para evitar su reutilización. En los mares Báltico y del Norte se estima que permanecen 1,6 millones de toneladas de municiones que liberan compuestos tóxicos, poniendo en peligro la vida marina.
El Protocolo de Montreal, adoptado en 1987 y vigente desde 1989, es considerado uno de los tratados medioambientales más exitosos. Estableció medidas estrictas para eliminar sustancias que dañan la capa de ozono y, en 2016, incluyó la eliminación progresiva de los hidrofluorocarburos, también nocivos para la atmósfera.
Gracias a este acuerdo, la emisión de sustancias que agotan la capa de ozono ha disminuido de forma significativa en las últimas dos décadas. Los científicos aseguran que la capa ya muestra signos de recuperación y podría cicatrizar por completo hacia mediados de este siglo.
Además, el Protocolo de Montreal ayudó a frenar el cambio climático, evitando la generación de 135 mil millones de toneladas de dióxido de carbono entre 1990 y 2010 y previniendo alrededor de 2 millones de casos de cáncer de piel en el mundo para 2030.






















