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Día Mundial de la Audición: cómo prevenir daños y cuáles son las señales de alerta

por | Mar 3, 2026

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Cada 3 de marzo, el Día Mundial de la Audición pone el foco en la prevención, el diagnóstico temprano y las nuevas tecnologías como claves para reducir el impacto de la pérdida auditiva en la vida de millones de personas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que para 2050 habrá casi 2.500 millones de personas con algún grado de pérdida de audición, y más de 700 millones tendrán necesidad de rehabilitación.

El término pérdida de audición discapacitante se atribuye a quienes presentan una disminución auditiva superior a 35 decibelios (dB) en el oído con mejor capacidad. Esta condición ya afecta actualmente a 430 millones de personas en el mundo, incluidos 34 millones de niños, quienes requieren intervenciones especializadas para mejorar su audición.

Se considera que una persona tiene pérdida de audición al no alcanzar la capacidad auditiva estándar, definida como un umbral igual o mejor que 20 dB en ambos oídos. Las formas de esta alteración varían entre leves, moderadas, moderadamente graves, graves o profundas, y pueden presentarse en uno o en ambos oídos. Quienes la padecen pueden enfrentar obstáculos para percibir desde una conversación cotidiana hasta sonidos intensos, según informó la OMS.

Gran parte de los casos de pérdida de la audición pueden evitarse empleando estrategias de salud pública e intervenciones clínicas a lo largo de toda la vida, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según la OMS, en la infancia, casi el 60 % de la pérdida auditiva proviene de causas prevenibles mediante acciones de salud pública, mientras que en adultos destacan como factores de riesgo la exposición a sonidos intensos y el consumo de medicamentos ototóxicos.

Para frenar el avance de la discapacidad auditiva se recomiendan medidas como la vacunación, la atención adecuada durante el embarazo y posparto, el asesoramiento genético y la detección temprana de afecciones del oído. Además, la protección auditiva en ambientes laborales y adoptar estrategias de escucha segura al exponerse a sonidos elevados en el tiempo libre resultan fundamentales. El uso responsable de medicamentos también contribuye a prevenir daños auditivos.

En América Latina, se estima que cerca de 30 millones de personas viven con pérdida auditiva, de las cuales 5 millones presentan formas severas. En Argentina, entre 700 y 1.200 niños nacen cada año con pérdida auditiva, mientras que alrededor de 500.000 personas presentan dificultades significativas para escuchar

De acuerdo con la doctora Liliana Tiberti, especialista en Otología y Otoneurocirugía del Hospital Británico, “escuchar es mucho más que percibir sonidos. Es una herramienta esencial para el desarrollo del lenguaje, el aprendizaje y la interacción social”. La detección y el tratamiento temprano de la disminución auditiva se vuelven determinantes para evitar complicaciones en el desarrollo y la integración de las personas, especialmente durante la infancia.

La falta de tratamiento auditivo en adultos mayores no solo genera frustración y aislamiento, sino que además incrementa el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Estudios recientes han avalado la relación entre la carencia de estímulos sonoros y una disminución progresiva en la función cerebral, dado que el cerebro necesita estímulos constantes para mantenerse activo. Por este motivo, enfatiza la Dra. Tiberti, la rehabilitación auditiva resulta fundamental para preservar la salud cerebral y la autonomía en la adultez.

En el ámbito social y laboral, la pérdida auditiva puede dificultar la participación en conversaciones, especialmente en ambientes ruidosos, promoviendo el aislamiento y el distanciamiento de los vínculos cotidianos.

El implante coclear es una opción destinada a personas con pérdida auditiva profunda o severa que no responden de manera suficiente a los audífonos convencionales. A diferencia de estos últimos, que solamente amplifican el sonido, este dispositivo estimula directamente el nervio auditivo mediante impulsos eléctricos, permitiendo que el cerebro perciba los sonidos de una forma diferente y eficaz.

El implante está compuesto por un elemento externo, responsable de captar los sonidos, y una parte interna, ubicada mediante intervención quirúrgica dentro del oído. Las señales eléctricas llegan posteriormente a la cóclea. La activación del sistema se produce aproximadamente un mes después de la cirugía, momento en el cual se inicia un proceso intensivo de rehabilitación auditiva.

La indicación de un implante coclear surge tras la evaluación de un equipo multidisciplinario y puede ser recomendada tanto para bebés y niños como para adultos con pérdidas auditivas significativas, adecuándose a las necesidades individuales de cada paciente.

La Dra. Tiberti destaca la relevancia de acudir a una consulta especializada cuando existen sospechas acerca de la capacidad de audición. “Si una persona tiene dificultades para escuchar, es fundamental consultar. Detectar y tratar la pérdida auditiva a tiempo puede cambiar su vida. Pues escuchar no es solamente oír, es comunicarse, es participar, mantenerse conectado con los demás y mejorar la calidad de vida.”

Lograr una integración académica, social y familiar plena depende en gran medida de la detección temprana y el acceso a intervenciones adecuadas, siendo el implante coclear una herramienta clave dentro de las posibilidades terapéuticas actuales para quienes presentan pérdida auditiva severa o profunda en la Argentina.

El primer implante coclear de América Latina se realizó en 1980 en el Hospital Británico de Buenos Aires. A escala mundial, esta tecnología comenzó a aplicarse en 1957 en Francia. El desarrollo progresivo de este dispositivo revolucionó la capacidad comunicativa y la integración social de personas con hipoacusia significativa.

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