Cadillac dio el paso que todos esperaban: probó un monoplaza en pista.
Utilizó un Ferrari SF-23 de 2023, modificado bajo la normativa de Pruebas con Coches Anteriores, y puso al volante a Sergio “Checo” Pérez, quien volvió a sentir la velocidad en Imola tras su salida de Red Bull.
El proyecto dejó de ser teoría; pasó del simulador a la realidad, el punto clave donde se define si una escudería tiene futuro competitivo.
Mientras Valtteri Bottas no puede unirse aún por su vínculo con Mercedes hasta 2025, todo el desarrollo inicial recae en Checo.
El mexicano no llegó a improvisar: recorrió las sedes de Cadillac en Charlotte y Silverstone, convivió con ingenieros y analizó procesos.
Su papel va más allá de manejar; está ayudando a construir el ADN del equipo.
“El enfoque es el proceso, no los trofeos inmediatos”, dijo, una frase que resume la filosofía del proyecto.
En Imola no se jugó una carrera… se encendió el inicio de una nueva era.






















