Hace un año, Donald Trump aseguró que había recibido un “mandato poderoso y sin precedentes” tras las elecciones y sostuvo en su discurso inaugural que el país se estaba uniendo en torno a su agenda. Sin embargo, esas afirmaciones resultan hoy difíciles de conciliar con la realidad política que enfrenta.
Con el paso de los meses, el respaldo al presidente no sólo no se consolidó, sino que parece haberse debilitado de manera significativa. Más allá de los índices generales de aprobación, el indicador más revelador de su fortaleza política es el nivel de apoyo firme entre los estadounidenses.
Trump ha basado históricamente su poder en el control de una base republicana leal, lo que le ha permitido mantener disciplina dentro de su partido. No obstante, encuestas recientes muestran que ese núcleo duro se ha reducido a alrededor de uno de cada cinco estadounidenses, un mínimo para su segundo mandato y comparable con los peores momentos del primero.
Un sondeo de NBC News–SurveyMonkey reveló que la aprobación firme cayó del 26 % en abril al 21 %, mientras que entre los republicanos identificados con el movimiento MAGA el respaldo bajó del 78 % al 70 %. Otras encuestas confirman esta tendencia a la baja.
Mediciones de AP-NORC, Reuters-Ipsos, Fox News y la Universidad de Marquette sitúan la aprobación firme de Trump entre 18 % y 22 %, cifras que marcan nuevos mínimos. Aunque una encuesta de Marist mostró un nivel ligeramente mayor, de 26 %, también representó el punto más bajo de su segundo mandato.
Este desgaste tiene implicaciones políticas. Trump siempre ha sobrevivido a malos números gracias a la lealtad de su base, pero ahora enfrenta el riesgo de que sectores republicanos comiencen a verlo como un líder debilitado, menos capaz de imponer su agenda.
Ya se observan señales de distanciamiento, como legisladores republicanos que han desafiado sus posturas en temas sensibles. Aunque el apoyo firme de uno de cada cinco estadounidenses no implica una ruptura inmediata, sí sugiere que la base más devota de Trump es hoy más pequeña que nunca, reflejando la fragilidad de su mandato.






















