La extradición de Sebastián Marset a Estados Unidos marca un hito en la ofensiva internacional contra el narcotráfico. El ciudadano uruguayo, señalado como uno de los principales operadores de cocaína en el Cono Sur, enfrenta cargos federales en el Distrito Este de Virginia por liderar una organización dedicada a trasladar toneladas de droga desde Sudamérica a Europa y lavar millones de dólares mediante clubes de fútbol.
La justicia estadounidense sostiene que Marset utilizó la compra y patrocinio de equipos deportivos, así como su propio registro como futbolista, para canalizar fondos ilícitos y consolidar una red criminal con alcance en varios continentes.
El arresto y extradición de Marset a territorio estadounidense ponen fin a una prolongada persecución policial que involucró a organismos de seguridad de América Latina, Europa y Estados Unidos. Según el Departamento de Justicia y la Administración para el Control de Drogas (DEA), la estructura dirigida por Marset movía grandes cargamentos de cocaína y blanqueaba los beneficios en el circuito futbolístico latinoamericano y europeo, empleando mecanismos sofisticados para ocultar el origen del dinero.
El uruguayo llegó a pagar USD 10.000 en efectivo para portar la camiseta número 10 y figurar como jugador titular, según relató The Washington Post en 2024.
Sebastián Marset había logrado eludir a la justicia durante años, mudándose entre Uruguay, Paraguay y Bolivia, y escapando de un operativo policial en Santa Cruz en julio de 2023, apenas horas antes de la llegada de las autoridades a su domicilio. Finalmente, fue capturado en Bolivia en el marco de una operación coordinada entre fuerzas de seguridad locales y organismos internacionales.
La administración del presidente boliviano Rodrigo Paz agradeció públicamente el apoyo de “organizaciones internacionales y países vecinos” tras la detención. Paz, quien asumió el poder tras dos décadas de gobiernos socialistas, promovió una mayor cooperación con Estados Unidos en seguridad, en un contexto donde Bolivia se ubica como el tercer productor mundial de cocaína, según cifras oficiales.
La acusación presentada en el Distrito Este de Virginia sostiene que Marset dirigía una organización capaz de transportar “toneladas de cocaína desde Sudamérica a Europa”, generando decenas de millones en efectivo y activos ilícitos, según la DEA y el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Los países involucrados en el esquema incluyen Bolivia, Paraguay, Uruguay, Brasil, Bélgica, Países Bajos y Portugal.
El método de lavado de dinero implementado por Marset consistía en la adquisición y patrocinio de equipos de fútbol de divisiones inferiores en varios países, canalizando fondos procedentes del narcotráfico y registrándose como jugador activo. Un perfil publicado por The Washington Post detalló que, en más de una ocasión, pagó USD 10.000 en efectivo para utilizar la camiseta número 10, emulando a figuras como Pelé, Maradona y Messi.
Tras su captura, las autoridades bolivianas incautaron bienes valuados en unos USD 15 millones, entre los que se cuentan 16 aeronaves, cinco residencias y armamento diverso. Las autoridades sostienen que estos activos representan apenas una fracción del entramado financiero que Marset construyó a lo largo de años de actividades ilícitas.
La justicia estadounidense también actuó sobre la red de colaboradores que facilitaban las operaciones del uruguayo. Uno de sus asociados, Federico Ezequiel Santoro Vassallo, fue condenado en julio de 2025 a quince años de prisión tras admitir su participación en el lavado de dinero. “Santoro y, presuntamente, Marset amenazaron con violencia para proteger sus actividades de tráfico y lavado”, recoge CBS News.
La detención de Marset se produjo apenas semanas después de la muerte, durante un operativo militar en México, de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias El Mencho, uno de los líderes criminales más buscados y sobre quien pesaba una recompensa de USD 15 millones ofrecida por Estados Unidos.
El uruguayo fue arrestado en Bolivia tras meses de fuga, extraditado a Estados Unidos y enfrenta cargos por liderar una organización dedicada al tráfico de cocaína y al lavado de dinero mediante equipos de fútbol. Si la justicia estadounidense lo declara culpable, podría recibir hasta 20 años de prisión.
El apodo de “Rey del Sur” que Marset estampó en sus cargamentos de droga ilustra su ambición y la búsqueda de consolidar una imagen de poder regional. La acusación señala que utilizó cargamentos de galletas y soja para camuflar cocaína con destino a Europa, perfeccionando sistemas logísticos y de corrupción que le permitieron operar durante años.
El proceso judicial que ahora enfrenta en Estados Unidos revelará más detalles sobre los vínculos entre narcotráfico, lavado de activos y deporte en América Latina, así como sobre la capacidad de los organismos internacionales para coordinar respuestas frente a organizaciones criminales transnacionales.






















