A dos años del ataque de Hamas a Israel, tanques, aviones y barcos israelíes bombardearon nuevamente la Franja de Gaza, dejando miles de víctimas más en una guerra que, según autoridades palestinas, ha cobrado más de 67 mil vidas. Los ataques se concentraron en la ciudad de Gaza, Jan Yunis y Rafah, agravando una crisis que el Ministerio de Salud local calificó como “un colapso total y deliberado de los pilares de la existencia humana”.
En un discurso televisado, Fawzi Barhum, alto responsable de Hamas, defendió que el ataque del 7 de octubre de 2023, conocido como el Diluvio de Al Aqsa, fue “una respuesta histórica” a la ocupación israelí. Por su parte, varias facciones palestinas, incluidas Hamas y Yihad Islámica, reafirmaron que “la resistencia por todos los medios es la única forma de enfrentarse al enemigo sionista”. La ofensiva israelí, en tanto, continúa sin tregua sobre zonas densamente pobladas.
La situación humanitaria se ha deteriorado gravemente. Las autoridades palestinas denunciaron un “genocidio sanitario”, al señalar que hospitales y centros médicos carecen de suministros básicos. El Unicef reportó que Israel negó el traslado de incubadoras desde hospitales destruidos en el norte hacia el sur, lo que ha obligado a que recién nacidos compartan máscaras de oxígeno, mientras los médicos luchan por atender a miles de heridos.
Ante la declaración de Gaza como “zona de combate peligrosa”, muchas familias desplazadas intentan regresar a sus hogares, aunque los refugios del sur están superpoblados. Según Stephane Dujarric, portavoz del secretario general de la ONU, algunas familias se han visto forzadas a vivir en vertederos, como el de Al Amal, donde se han levantado decenas de tiendas de campaña en condiciones insalubres.
Entre los testimonios más duros está el de Saeda Hamdona, escritora gazatí, quien relató que su familia ha huido varias veces y perdió todo. “Vendí mi anillo de compromiso para alimentar a mi hijo hambriento”, escribió en Al Jazeera. Desde una tienda de campaña en Jan Yunis, dijo que sólo espera poder abrazar a su hijo y decirle: “Se acabó el miedo, mi amor”, si algún día llega el alto el fuego.






















