Después de años de intentarlo, Guillermo del Toro por fin hizo realidad su obsesión: adaptar la clásica novela de Mary Shelley.
Su versión de Frankenstein, producida junto a Netflix, promete ser una historia tan oscura como emotiva, con el toque visual que lo caracteriza.
El director incluyó guiños artísticos muy suyos, como la pintura Vanitas (1660), símbolo de la fugacidad de la vida, y la impactante Medusa de Caravaggio, que aparece en el laboratorio donde el monstruo cobra vida.
Del Toro había intentado levantar el proyecto incluso antes de La forma del agua, y ahora, tras su éxito en Hollywood, lo hace posible.
La película explorará temas profundos como la soledad, la creación y la paternidad, pero con el sello visual que convierte cada escena en una obra de arte.






















