Tras un intento fallido de lanzamiento por mal tiempo, el cohete New Glenn de Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, se prepara para una misión histórica: enviar a Marte las dos sondas gemelas de la misión ESCAPADE de la NASA. El objetivo de esta iniciativa no solo es estudiar el pasado atmosférico del planeta rojo, sino también transformar la manera en que se conciben las misiones interplanetarias, apostando por un modelo de exploración más económico, modular y eficiente.
ESCAPADE, concebida como una misión de bajo costo, representa un cambio de paradigma para la NASA. Mientras los proyectos tradicionales superan los 300 o 600 millones de dólares, esta operación tiene un presupuesto inferior a 80 millones, demostrando que la ciencia de frontera puede realizarse con recursos limitados. El lanzamiento, reprogramado para el 12 de noviembre desde Cabo Cañaveral, marcará la segunda misión orbital de Blue Origin y pondrá a prueba tanto la capacidad científica de las sondas como la madurez técnica del New Glenn, un cohete de 98 metros diseñado para ser reutilizable.
La estrategia de vuelo también rompe esquemas. Debido a retrasos que impidieron aprovechar la tradicional ventana de lanzamiento a Marte, el equipo de Advanced Space, responsable de la navegación, ideó una ruta inédita. En lugar de viajar directamente al planeta, las sondas —denominadas Blue y Gold, en honor a la Universidad de California en Berkeley— serán enviadas primero al Punto de Lagrange L2, a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra. Allí permanecerán alrededor de un año, realizando observaciones del clima espacial antes de iniciar su trayectoria definitiva hacia Marte en noviembre de 2026.
Aprovechando un asistido sobrevuelo gravitacional de la Tierra, las naves llegarán al sistema marciano en septiembre de 2027, cuando se insertarán en órbitas complementarias para estudiar, desde distintas posiciones, los procesos que explican cómo Marte perdió su atmósfera. Se cree que, hace miles de millones de años, el planeta tuvo agua líquida y condiciones habitables, pero la ausencia de un campo magnético global lo dejó vulnerable al viento solar, que fue erosionando lentamente su envoltura gaseosa.
ESCAPADE analizará en detalle cómo las partículas solares interactúan con la atmósfera marciana, arrastrando átomos hacia el espacio y alterando su composición con el paso del tiempo. Estos datos ayudarán a reconstruir la historia climática de Marte y a entender si alguna vez pudo albergar vida. Además, la información servirá para preparar futuras misiones tripuladas, al ofrecer claves sobre la radiación, la temperatura y la protección necesaria para los astronautas.
Para Blue Origin, el éxito de esta misión representa un paso decisivo en su consolidación como competidor de SpaceX. El New Glenn intentará recuperar su primera etapa en una barcaza en el Atlántico, una maniobra que busca abaratar los costos de lanzamiento y abrir la puerta a una nueva era de reutilización orbital. Si la recuperación resulta exitosa, el cohete se convertirá en un actor central dentro del mercado de transporte espacial comercial.
La NASA, por su parte, ve en ESCAPADE una oportunidad para repensar el modelo de exploración. Según Jeff Parker, director de tecnología de Advanced Space, el proyecto demuestra que “es posible hacer ciencia de alto nivel con presupuestos moderados”. En el futuro, la agencia podría priorizar misiones múltiples y complementarias, capaces de generar datos simultáneos desde diferentes puntos del sistema solar.
Cuando las sondas Blue y Gold lleguen finalmente a Marte y comiencen a transmitir información, el planeta rojo revelará nuevas claves sobre su pasado y su destino. Pero más allá del estudio científico, ESCAPADE simboliza una nueva filosofía de exploración espacial: aquella que combina tecnología avanzada, sostenibilidad económica y colaboración internacional. Dos pequeñas naves podrían marcar el comienzo de una gran transformación en la manera en que la humanidad se acerca a otros mundos.






















