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Joaquín Sabina se despide de los escenarios definitivamente entre vítores y lágrimas

por | Dic 2, 2025

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El último concierto de Joaquín Sabina en el Movistar Arena de Madrid marcó un hito en la música española, convirtiéndose en una despedida inolvidable para miles de seguidores. La presentación, que puso fin a la gira Hola y adiós y a una trayectoria artística de más de cinco décadas, generó una enorme expectación desde horas antes, cuando el ambiente ya reflejaba la magnitud del momento.

La noche comenzó con la proyección de Un último vals, mientras los músicos tomaban sus posiciones y Sabina aguardaba detrás del escenario. Al aparecer, fue recibido por una ovación multitudinaria que dio paso a un recorrido musical encabezado por Yo me bajo en Atocha, seguida de temas emblemáticos como Lágrimas de mármol, Lo niego todo y Mentiras piadosas. Desde el inicio se evidenció una conexión absoluta entre el público y el artista.

Con el paso de los minutos, la emoción se intensificó, especialmente durante interpretaciones como Ahora que…, Calle Melancolía y 19 días y 500 noches. Aunque Sabina cantó sentado en un taburete, su voz —quebrada pero firme— transmitió la experiencia acumulada tras más de 70 conciertos en diez meses. La audiencia, consciente del carácter irrepetible del momento, respondió con entusiasmo y complicidad en cada estrofa.

Durante los breves descansos del cantautor, su banda tomó el protagonismo. Jaime Asúa interpretó Pacto entre caballeros; Mara Barros emocionó con Camas vacías; y Antonio García de Diego ofreció una sentida versión de La canción más bella del mundo. La combinación de ritmos pausados y canciones más enérgicas culminó en unos bises vibrantes con Tan joven y tan viejo, Contigo y Princesa.

Al cierre, Sabina abandonó el escenario con su característico sombrero mientras sonaba La canción de los (buenos) borrachos, dejando una atmósfera cargada de emociones. Tras el concierto, celebró un encuentro íntimo con amigos, y antes de despedirse definitivamente, dirigió unas palabras a su público, agradeciendo el cariño y la forma en que sus canciones se han integrado en la memoria colectiva de varias generaciones.

Ahora, el músico inicia una etapa más tranquila junto a su esposa Jimena Coronado y sus hijas, Carmela y Rocío. Planea dedicar su tiempo a la lectura, la escritura y la pintura, alejándose del ritmo intenso de las giras y cerrando así un capítulo fundamental de la música española.

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