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La convivencia social y con animales mejora el microbioma intestinal en los mayores de 60 años

por | Ene 2, 2026

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Un equipo de científicos de Italia y Rusia encontró que los vínculos sociales y la convivencia con animales domésticos no solo influyen en el bienestar emocional, sino que también dejan una huella directa en la salud del intestino. El estudio, publicado en la revista Aging Research Reviews, revela que la diversidad y el equilibrio de las bacterias intestinales están estrechamente relacionados con la vida social de las personas.

La investigación fue realizada por especialistas de universidades e institutos de Italia y Rusia, quienes analizaron cómo la cantidad, el tipo y la duración de los contactos sociales —tanto con otros humanos como con animales— pueden modular la microbiota intestinal. Según los autores, una vida social activa favorece un ecosistema bacteriano más diverso y saludable.

Los científicos señalaron que el aislamiento, en contraste, tiende a reducir esa diversidad microbiana y a favorecer la presencia de bacterias menos beneficiosas. En palabras del equipo, “la microbiota intestinal de los seres humanos parece verse modulada de manera significativa por los contactos sociales”, lo que abre una nueva perspectiva sobre el impacto biológico de la soledad.

El objetivo central del trabajo fue comprender cómo los vínculos sociales influyen en el microbioma intestinal de las personas mayores. Para ello, los investigadores se plantearon si el aislamiento, tanto real como percibido, podía alterar la composición bacteriana del intestino y afectar la salud general.

La revisión incluyó evidencia de estudios en animales y humanos, y se apoyó en el concepto de “microbioma social”, que describe cómo los microorganismos varían según los hábitos de convivencia. En especies sociales, el contacto físico frecuente facilita la transmisión de bacterias beneficiosas, lo que da lugar a microbiomas más estables y saludables.

Los autores analizaron investigaciones realizadas en distintos contextos, incluidos adultos mayores que atravesaron períodos de aislamiento —como durante la pandemia— y personas que convivían con animales domésticos. También se revisaron datos de deportistas, pacientes hospitalizados y niños nacidos en etapas de confinamiento.

Los resultados mostraron que el aislamiento social se asocia de forma consistente con una menor diversidad de bacterias intestinales, especialmente en adultos mayores. Esta reducción se vinculó con procesos inflamatorios y con un mayor riesgo de deterioro de la salud general.

En cambio, mantener lazos sociales frecuentes o convivir con perros y gatos se relacionó con una microbiota más rica y equilibrada. En particular, el contacto diario con animales se asoció con bacterias que fortalecen la barrera intestinal, reducen la inflamación y mejoran la sensibilidad a la insulina, lo que sugiere un efecto protector sobre la salud y la fragilidad en la vejez.

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