Tras el cierre de las celebraciones de fin de año, muchas personas experimentan la llamada crisis de enero, un periodo marcado por cansancio, desmotivación y malestar emocional. Especialistas consultados por Real Simple coinciden en que se trata de una reacción esperable luego de semanas de alta exigencia social y emocional.
La terapeuta Arielle Pinkston explica que este momento suele manifestarse con menor motivación, sensación de pesadez física y mental, irritabilidad y cierta confusión. El contraste entre el ritmo intenso de las fiestas y la vuelta abrupta a la rutina prepara el terreno para este bajón característico del inicio de año.
Según Pinkston, la crisis surge de la combinación de agotamiento postvacacional, factores biológicos propios del invierno y la presión por cumplir nuevos propósitos. Aunque en algunos casos puede coincidir con el Trastorno Afectivo Estacional, en la mayoría responde a un ciclo anual previsible.
El psicoterapeuta Daryl Appleton agrega que el cuerpo también atraviesa un proceso de ajuste. Tras meses de sobreestimulación —azúcar, alcohol, eventos sociales y horarios irregulares—, el organismo entra en una especie de “retirada” fisiológica que dificulta el equilibrio del sistema nervioso y se traduce en fatiga y bajo ánimo.
La disminución de estímulos, en especial de la luz natural, impacta en los niveles de dopamina y vuelve menos gratificantes las actividades cotidianas. A esto se suma la presión social por “ser una mejor versión de uno mismo” y cumplir resoluciones de Año Nuevo, que pueden convertirse en fuentes adicionales de estrés.
Los tropiezos iniciales, como no sostener una meta desde los primeros días, suelen interpretarse como fracasos personales, amplificando el malestar. Además, la menor exposición a la luz altera los ritmos circadianos y reduce serotonina y melatonina, afectando el estado de ánimo, la energía y el sueño.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan autocompasión y realismo. Reconocer el propio estado emocional, aceptar días menos productivos y exponerse a la luz solar matutina ayudan a restablecer el equilibrio. También aconsejan rutinas simples, horarios regulares y una reducción de estímulos nocturnos.
Por último, destacan el valor de la conexión social sin exigencias y de avanzar con pequeños pasos. Evitar expectativas desmedidas y respetar el descanso que ofrece enero permite recuperar la resiliencia emocional. Tratarse con amabilidad, coinciden los expertos, es la base más sólida para empezar el año con mayor bienestar.






















