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La historia del peluquero que creó la tradición de usar máscaras a fin de año en Ecuador

por | Dic 31, 2025

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Cada 31 de diciembre, Ecuador despide el año con la quema de monigotes, muñecos de cartón o tela rellenos de aserrín que representan a personajes de la política, la ficción o la farándula. Según la tradición popular, el ritual sirve para “quemar” lo malo del año que termina y purificar el camino para el que comienza.

En Quito, uno de los grandes referentes de esta costumbre es Vicente Paredes, un peluquero que desde hace décadas elabora caretas para los llamados “Año Viejo”. Su taller, conocido como el Palacio de la Careta, se convirtió en un punto emblemático de esta celebración, combinando oficio, creatividad y memoria cultural.

Paredes se graduó como peluquero en 1971 y ese mismo año decidió comenzar a fabricar caretas de cartón, cuando estas se vendían comúnmente en peluquerías durante diciembre. De manera autodidacta, fue perfeccionando la técnica hasta consolidar un emprendimiento que llegó a emplear a más de diez personas.

Con el paso del tiempo, el artesano buscó diferenciarse y se adentró en la elaboración de caretas de caucho y látex, pese a no tener formación artística ni técnica. Tras varios intentos fallidos, recibió la ayuda de un ingeniero ecuatoriano especializado en látex, quien le transmitió los conocimientos que marcaron un punto de inflexión en su trabajo.

Gracias a ese aprendizaje, Paredes amplió su producción y hoy cuenta con cientos de modelos de caretas y accesorios para disfraces, desde manos y garras hasta narices, zapatos y pelucas. Aunque sigue fabricando máscaras de cartón, reconoce que su presencia ha disminuido frente al auge del caucho y a nuevas formas de hacer monigotes con rostros integrados.

Las caretas más demandadas continúan siendo las de políticos, protagonistas habituales de la sátira de fin de año. En la tradición ecuatoriana, el monigote es velado por “viudas” —generalmente hombres disfrazados— que piden colaboraciones en la calle antes de que el “Año Viejo” sea quemado a la medianoche, entre insultos o agradecimientos, según cómo haya sido el año.

Pese a las dificultades, como el cierre obligado durante la pandemia de covid-19, el Palacio de la Careta logró reabrir gracias al apoyo de sus clientes. Hoy, las creaciones de Paredes llegan incluso a ecuatorianos en Europa y Estados Unidos, manteniendo viva una tradición que invita a despedir el pasado y recibir el Año Nuevo con energía renovada.

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