El avance acelerado de la inteligencia artificial y la automatización está redefiniendo el mercado laboral a nivel global, obligando a replantear la formación profesional y las expectativas de empleo. En este escenario, figuras como Bill Gates y Jensen Huang han identificado las disciplinas con mayor potencial de adaptación y éxito frente a los cambios tecnológicos.
Bill Gates ha subrayado que la automatización exige una renovación profunda de las competencias laborales, con la programación como una alfabetización esencial del siglo XXI. A su juicio, este conocimiento es clave para sectores estratégicos como la salud, la comunicación y la seguridad.
Aunque la IA ya es capaz de escribir código, Gates sostiene que sigue siendo indispensable la supervisión humana experta. La programación implica análisis crítico, toma de decisiones y creatividad, habilidades que aún no pueden ser replicadas por los sistemas automatizados y que mantienen alta la demanda de talento especializado.
Otro campo que Gates considera insustituible es la biología, impulsada por los avances en biotecnología, edición genética y medicina personalizada. La investigación biomédica y la gestión de sistemas vivos requieren interpretación de datos, criterio humano y flexibilidad ante escenarios imprevistos, como pandemias o enfermedades crónicas.
La transición energética también ocupa un lugar central en las proyecciones del cofundador de Microsoft. Profesionales capaces de desarrollar e implementar tecnologías limpias, como el hidrógeno verde o la captura de carbono, serán clave para enfrentar el cambio climático, un desafío que la automatización no puede resolver por sí sola.
Desde otra perspectiva, Jensen Huang advierte que el auge de la inteligencia artificial está impulsando una mayor demanda de oficios manuales especializados. Según el director ejecutivo de NVIDIA, la construcción y el mantenimiento de infraestructuras físicas, como centros de datos, requieren técnicos calificados que no pueden ser reemplazados por algoritmos.
Huang alerta sobre un desequilibrio en el mercado laboral, con exceso de titulados universitarios y escasez de trabajadores técnicos. Esta brecha ha revalorizado profesiones como electricistas y fontaneros, que se perfilan como piezas clave de la economía digital y entre las más cotizadas en el futuro cercano.






















