La Selección Mexicana igualó 0-0 con Japón en un partido cargado de fricción, entradas duras y un ambiente que puso a prueba la resistencia física de ambos equipos.
El Tri generó ocasiones claras para llevarse la victoria, pero la falta de contundencia en los momentos decisivos y algunas decisiones arbitrales polémicas terminaron dejando el marcador en ceros.
El resultado deja sentimientos encontrados: por un lado, México mostró carácter y temple frente a la presión asiática; por otro, la sensación de haber dejado escapar un triunfo que parecía al alcance.
Este empate sirve como termómetro de lo que viene, al dejar en claro que al Tri le sobra corazón, pero aún le falta esa chispa que define partidos grandes.





















