La Selección Mexicana empató 2-2 contra Corea del Sur en un partido que volvió a exhibir su principal debilidad: la falta de contundencia.
A pesar de contar con una alineación completa, el Tri no supo cerrar el encuentro.
Tuvo posesión, generó ocasiones y anotó, pero cada gol fue respondido rápidamente por los coreanos, evidenciando una defensa frágil y sin garantías.
El resultado alimenta la frustración de la afición, pues los errores colectivos y la falta de liderazgo se repiten partido tras partido.
México juega bien a ratos, pero no concreta en los momentos clave.
Empatar dejó de ser un accidente para convertirse en una costumbre peligrosa que lo aleja de la élite del futbol internacional.






















