El hallazgo de tres depósitos de monedas romanas en Senon, al norte del departamento francés de Meuse, ha generado gran interés entre arqueólogos europeos. Durante una excavación del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap), se localizaron miles de monedas perfectamente conservadas dentro de grandes vasijas de cerámica enterradas en un antiguo barrio residencial romano. Paralelamente, otro equipo del Inrap descubrió en Nouvelle-Aquitaine un bustum romano intacto, cargado de objetos de lujo, que ofrece nueva información sobre los rituales funerarios y el estatus social de las élites del Alto Imperio.
En Senon, los depósitos fueron encontrados en una parcela de 1,500 metros cuadrados y estaban cuidadosamente colocados en fosas diseñadas para su conservación. Las monedas, fechadas entre los años 280 y 310 d.C., aparecieron dentro de viviendas de la Antigüedad tardía, lo que sugiere que no fueron escondidas apresuradamente, sino gestionadas de manera organizada. Los recipientes cerámicos, dispuestos con las bocas a nivel del suelo, reforzaban esta función práctica.
El contexto urbano del hallazgo revela una ciudad transformada tras la romanización. A partir del siglo I d.C., Senon amplió su perímetro, adoptó técnicas constructivas avanzadas y edificó viviendas con suelos de cal y sistemas de calefacción por hipocausto. Los depósitos se hallaron en un sector privilegiado, cerca de la plaza pública y edificaciones monumentales, confirmando el alto nivel de vida de sus habitantes y la importancia de la ciudad dentro del territorio de los Médiomatriques.
Respecto a la función de los depósitos monetarios, los arqueólogos plantean que pudieron formar parte de una gestión económica estructurada, ya fuera familiar, institucional o militar. Una de las teorías más sólidas los vincula con una fortificación situada a 150 metros del lugar, lo que sugiere que las monedas pudieron destinarse al pago de soldados romanos. Aunque la zona sufrió incendios, las viviendas fueron reconstruidas y los depósitos quedaron ocultos hasta su redescubrimiento siglos después.
En Nouvelle-Aquitaine, el hallazgo del bustum romano ha sido igualmente sorprendente. Esta pira funeraria intacta, datada entre finales del siglo I y el II d.C., fue descubierta cerca del río Dordoña durante una prospección previa a una obra privada. Se trata de un tipo de enterramiento poco frecuente en el suroeste de la Galia, lo que aumenta su relevancia arqueológica.
La tumba presentaba una estructura rectangular con restos de incineración y un ajuar funerario extraordinario compuesto por 487 objetos. Entre ellos destacan cerámica sigillata, monedas, piezas de vidrio, metales y 22 piezas de oro, incluidos un brazalete trenzado y una sortija deformada por el calor que portaba una gema con la inscripción griega “Allallé”. Este detalle ha despertado gran interés por sus posibles implicaciones culturales.
Según la antropóloga Anne Viero, responsable de la excavación, los análisis epigráficos y antropológicos ayudarán a determinar la identidad y condición social del individuo. La presencia de una bulla sugiere que se trataba de un joven varón perteneciente a una familia de alto estatus, lo que convierte este hallazgo en una fuente única para comprender la vida, muerte y mezcla cultural en la región durante el Alto Imperio Romano.






















