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Orca conmueve en Washington al cargar a su cría muerta: un duro recordatorio de su lucha por sobrevivir

por | Sep 17, 2025

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Una orca identificada como J36, también llamada Alki, fue observada en el estrecho de Rosario, Washington, empujando el cuerpo sin vida de su cría recién nacida. De acuerdo con el Centro de Investigación de Ballenas y otras organizaciones, el ejemplar todavía conservaba el cordón umbilical, lo que confirmó que había muerto a poco tiempo de nacer. Para los especialistas, el gesto de la madre es un acto de duelo y de intento de reanimación.

El hecho es especialmente alarmante porque las orcas residentes del sur están en peligro de extinción, con solo 73 individuos contabilizados hasta julio de 2024. Este grupo vive entre las costas de Washington y Canadá, y depende casi exclusivamente del salmón chinook, cuya disminución en número y tamaño ha complicado su supervivencia.

La escena inevitablemente recordó a Tahlequah o J35, otra orca del mismo grupo que en 2018 conmovió al mundo al cargar a su cría muerta durante 17 días y más de 1,600 kilómetros. Incluso este mismo año volvió a ser vista con un recién nacido fallecido, lo que refleja los enormes desafíos reproductivos que enfrentan estos cetáceos.

La historia de Alki refleja esa misma lucha. Nacida en 1999, forma parte del clan J y es hija de J16 “Slick”. A lo largo de su vida reproductiva ha tenido múltiples pérdidas, incluido un aborto espontáneo y la muerte de su cría Sonic en 2017, que falleció a los dos años de edad. Según los expertos, cada fracaso reproductivo representa un golpe devastador para la recuperación de esta población en riesgo.

El duelo observado en J36 fue descrito por la investigadora Deborah Giles como un acto maternal profundo: “No tiene brazos para sostenerlo, así que tiene que seguir cargándolo, manteniéndolo lo más cerca posible. Todavía no puede soltarlo. Está de luto por la pérdida de su bebé”. Esta conducta evidencia los lazos sociales de las orcas, ya que machos y hembras permanecen con sus madres de por vida, lo que refuerza la intensidad del dolor al perder una cría.

Más allá de la emotiva escena, los científicos advierten que factores como la falta de alimento, la contaminación y el ruido de los barcos han elevado la tasa de pérdida de embarazos en esta población. Un estudio señala que cerca del 69% de las gestaciones fracasan, lo que refleja la magnitud de la crisis. La muerte de la cría de J36 no solo es la tragedia de una madre, sino también una señal del frágil futuro que enfrenta esta especie en peligro.

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