«Ellos se quedaron con nosotros durante toda la guerra», dijo Adam Asfur, un niño con el brazo izquierdo marcado por esquirlas de proyectil, ante la posibilidad de que la ONG Médicos sin Fronteras (MSF), tenga que abandonar la Franja de Gaza.
Las autoridades israelíes ordenaron a 37 organizaciones extranjeras, incluyendo a MSF, retirarse a inicios de marzo tras su negativa a entregar a Israel la lista de sus empleados palestinos. La medida, unánimemente condenada por la comunidad internacional, obedece supuestamente a cuestiones de seguridad, pero tiene graves consecuencias para los pacientes.
«Cuando supe que es posible que dejen de trabajar, me puse muy triste», agregó Adam, herido el 1° de septiembre durante un bombardeo.
Alrededor de él y su madre hay otras camas, más pacientes, muchos de ellos niños. Todas las personas consultadas por Afp relataron esperar que MSF obtenga una prórroga.
Empleados de la ONG recorren los pasillos del hospital, uno de los últimos que funcionan en el territorio palestino, donde los camiones de ayuda tienen dificultades para ingresar, pese a la tregua entre Israel y el movimiento islamista palestino Hamas, que empezó en octubre.






















