China incrementó notablemente su inversión en inteligencia artificial y robótica en los últimos años. El país asiático despliega una política sistemática para instalar robots en la industria y la vida cotidiana, generando un impacto sostenido en el mercado global. El miércoles, una empresa china presentó un robot humanoide que juega tenis con una efectividad del 97 %, tras haber sido entrenado con diez mil jugadas de profesionales. La exhibición despertó asombro y renovó el debate sobre el alcance de la automatización.
Tomás Balmaceda explicó: “El robot fue entrenado con diez mil intentos y alcanzó una efectividad del 97%”. El desarrollo pertenece a la firma Unitree, que impulsa una reducción de costos significativa en la fabricación de robots, facilitando el acceso a este tipo de soluciones para distintos sectores económicos. Balmaceda señaló: “Unitree es una empresa china que produce robots muy económicos. Robots supercompletos de ocho mil dólares”.
Durante la misma jornada, Estados Unidos renovó su Consejo Presidencial de Asesores en Ciencia y Técnica. Balmaceda detalló: “El presidente Donald Trump convocó al CEO de Nvidia, a Mark Zuckerberg de Meta y al cofundador de Oracle”. El objetivo oficial apunta a responder a la aceleración tecnológica de China, que ya lidera con más de un millón de robots industriales activos.
El avance chino va más allá de los humanoides. La industria implementó el concepto de “fábricas oscuras”: plantas totalmente automatizadas que producen sin necesidad de luz y recurren a robots en todas sus etapas productivas. “Son fábricas que están casi en su totalidad totalmente automatizadas. Trabajan veinticuatro horas, los siete días de la semana”, señaló Balmaceda.
Esta automatización incide en los costos y la productividad: “Muchos de los errores en las fábricas suelen ser por fatiga o distracción de los operarios, aquí no existen. Y además, el desempeño energético es mucho mejor”.
En estos entornos, los robots adquieren variadas formas: a veces son humanoides, otras solo brazos mecánicos o piezas móviles. Balmaceda describió el fenómeno: “China lidera la revolución robótica gracias a una política estatal que articula empresas, gobiernos y academia en polos llamados robot valleys”. Estos centros replican la lógica de Silicon Valley, pero focalizados en la robótica.
Además, la automatización implica una transformación social. El envejecimiento de la población china, sumado al incremento del costo laboral, impulsó la adopción de robots para cubrir puestos que antes ocupaban jóvenes trabajadores. “Durante muchísimo tiempo, la fuerza de China en manufactura era la mano de obra joven. En estas décadas hubo un reemplazo técnico”, afirmó Balmaceda.
La robótica no solo reconfigura la industria, también impacta en la vida cotidiana. Balmaceda abordó el desarrollo de robots sociales, pensados para acompañar y cuidar adultos mayores: “No sería inesperado que en cinco o seis años alguna familia en Argentina tenga un robot que cuide a un adulto mayor”. Estos dispositivos monitorean la salud, recuerdan la toma de medicamentos y permiten asistencia a distancia. “Hay muchos estudios del robot Paro que muestran una mejora en el trato de adultos mayores que se sienten solos”, expresó el especialista.
El acceso a estas tecnologías resulta progresivamente más accesible. “Robots sociales completos cuestan ocho mil dólares. Para algunos todavía es costoso, pero los precios tienden a bajar”, sostuvo Balmaceda. Este mercado responde a la doble demanda de asistencia y compañía para una sociedad cada vez más longeva.
Sin embargo, surgen interrogantes éticos y prácticos. Balmaceda manifestó: “Una buena pregunta es si no querés que tu abuelo tenga una máquina que simule un gato o un robot, ¿lo vas a cuidar vos?”. Las alternativas tecnológicas surgen ante la dificultad de encontrar cuidadores humanos o asumir esos roles en la familia. La discusión persiste sobre si la respuesta a estas necesidades debe ser técnica, humana o una combinación de ambas.
La expansión de la robótica china genera preocupación en otras potencias. Estados Unidos relanzó el debate sobre la dependencia tecnológica: la concentración de la fabricación de chips y componentes clave está localizada en Asia, especialmente en Taiwán, Corea del Sur y el propio territorio chino. “Si hay un conflicto que interrumpa la producción, podría afectar el suministro global de tecnología, desde celulares hasta autos”, apuntó Balmaceda.
Al interior de China, la política de robotización busca reducir costos estructurales y mantener la competitividad ante el aumento de los salarios. Balmaceda afirmó: “Hoy es más caro tener trabajadores en China. Los robots no tienen vacaciones, no tienen derechos laborales y pueden trabajar en condiciones difíciles”.
Finalmente, proliferan nuevas aplicaciones: desde fábricas sin operarios hasta robots que asisten a personas en su propio hogar. Entre los desafíos se encuentran las preocupaciones sobre privacidad y el uso potencial de los datos recolectados por estos sistemas, especialmente considerando la magnitud de la infraestructura tecnológica desarrollada en China.






















