En los últimos años, el mundo ha registrado un retroceso glaciar sin precedentes, generando una vulnerabilidad creciente para más de 15 millones de personas expuestas a inundaciones derivadas de este fenómeno. Los glaciares, que concentran cerca del 70 por ciento del agua dulce del planeta, constituyen una fuente esencial para los ecosistemas y para la vida humana, por lo que su pérdida implica mucho más que la simple desaparición de hielo y nieve.
El rápido derretimiento de estas reservas naturales no solo evidencia una crisis ambiental, sino también un problema humanitario. Su ausencia amenaza actividades económicas fundamentales, entre ellas la agricultura, el turismo y la generación de energía limpia. Además, compromete la disponibilidad de agua para miles de millones de personas que dependen del escurrimiento de montañas para cubrir sus necesidades básicas.
El incremento sostenido de la temperatura global es un indicador claro del avance de la crisis climática y de la acelerada reducción de glaciares. Este proceso incrementa el riesgo de inundaciones, desbordamientos, deslizamientos de tierra y erosión, lo cual afecta directamente a comunidades enteras y a su infraestructura, sometiéndolas a condiciones de mayor fragilidad y vulnerabilidad.
Actualmente, más de 15 millones de personas en todo el mundo son altamente vulnerables a las inundaciones provocadas por el derretimiento glaciar. Cerca de 2 mil millones dependen del agua que proviene de estas montañas para asegurar su acceso a agua potable, alimentos y medios de subsistencia. Los glaciares, por tanto, son un elemento clave en la seguridad hídrica y alimentaria de regiones completas.
El pasado 11 de diciembre se conmemoró el Día Internacional de las Montañas, bajo el lema “los glaciares son importantes para el agua, la comida y los medios de vida en las montañas y en las regiones río abajo”. Esta fecha, impulsada por la ONU, destaca el rol de las regiones montañosas como reservas de agua y busca generar conciencia global sobre su relevancia para la vida.
La Asamblea General de la ONU designó esta conmemoración para promover acciones que fortalezcan las alianzas en favor de las poblaciones que habitan zonas montañosas y para fomentar la protección de estos ecosistemas. A través de la FAO, se coordinan actividades globales que incluyen difusión de información, campañas de sensibilización y promoción de prácticas sostenibles.
La participación ciudadana es clave. Las redes sociales, los eventos educativos, las exposiciones y las actividades al aire libre son herramientas útiles para ampliar el mensaje sobre la importancia de proteger las montañas y sus glaciares. Desde la resolución 57/245 en 2002, la ONU ha impulsado este trabajo para garantizar el desarrollo sostenible de las montañas, esenciales para la regulación del clima, el resguardo de la biodiversidad y la provisión de agua dulce para el planeta.






















