Millones de jóvenes en México enfrentan altos niveles de estrés financiero debido a las escasas oportunidades laborales y los bajos salarios derivados de la falta de experiencia. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi), el 70% de los mexicanos de entre 18 y 29 años —equivalente a 16.1 millones de personas— vive bajo esta condición en niveles que van de moderado a alto. Según el Inegi, 6.6 millones padecen estrés financiero alto y 9.5 millones moderado, mientras que solo el 30.5% restante reporta niveles bajos o nulos.
El problema afecta con mayor intensidad a las mujeres jóvenes: 71.2% de ellas reporta estrés financiero alto o moderado, frente a 67.6% de los hombres. La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) señala que esta preocupación constante se relaciona con la incertidumbre laboral, el endeudamiento y la falta de educación financiera. Para muchos, los primeros años de vida adulta llegan acompañados de grandes gastos, empleos inestables o mal remunerados y poco conocimiento sobre cómo administrar el dinero.
Expertos como Daniel Urías, fundador de Cooltura Financiera, advierten que el acceso prematuro a tarjetas de crédito con tasas de interés superiores al 100% agrava la situación, ya que muchos jóvenes carecen de las herramientas necesarias para manejarlas. Por su parte, la psicóloga Carmen Contreras explica que el deseo de independencia a temprana edad genera gastos elevados sin ingresos suficientes, lo que impulsa a muchos a compartir vivienda o endeudarse para mantener un estilo de vida influenciado por las redes sociales.
El estrés financiero, además de afectar la estabilidad económica, impacta directamente la salud física y emocional. La Condusef advierte que puede provocar insomnio, depresión, ansiedad e incluso enfermedades cardiovasculares. También repercute en las relaciones personales, el rendimiento laboral o académico y la capacidad de disfrutar de actividades cotidianas, convirtiéndose en un problema integral de bienestar social.
La situación se agrava ante el contexto de pobreza y desigualdad. El Inegi estima que 6.8 millones de jóvenes viven en pobreza, lo que representa el 28.8% de la población de entre 18 y 29 años. Asimismo, 69.4% enfrenta al menos una carencia social y 25.3% tres o más, incluyendo rezago educativo, falta de acceso a servicios de salud, seguridad social, vivienda adecuada y alimentación nutritiva.
El mercado laboral tampoco ofrece un panorama alentador. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que la tasa de desempleo juvenil en América Latina es tres veces mayor que la de los adultos, y cerca del 60% de los jóvenes trabaja en la informalidad. En México, esto se traduce en jornadas largas, bajos salarios y ausencia de seguridad social. Además, muchos no logran empleos acordes a su formación, mientras que el trabajo en plataformas digitales, aunque flexible, tiende a ser precario.
A nivel nacional, una de cada tres mujeres jóvenes sufre estrés financiero alto, frente al 24.1% de los hombres del mismo rango de edad. La Condusef concluye que la falta de educación financiera, la precariedad laboral y la presión social por mantener cierto estilo de vida conforman una combinación que pone en riesgo el bienestar económico y emocional de una generación que apenas inicia su independencia.






















