Tigres pegó primero en el juego de ida con un 1–0 que dejó al Volcán en ebullición.
Toluca salió desconectado y sin su habitual agresividad, mientras los regiomontanos ejecutaron un plan perfecto: presión controlada, posesión con sentido y lectura quirúrgica de los espacios.
El partido cambió por completo con la pifia de Hugo González, un error que congeló a la tribuna y que Ángel Correa transformó en un gol que pesó como un golpe al ánimo.
Aun así, Toluca sigue con vida. Sabe que el infierno es su fortaleza y que Tigres deberá entrar a una cancha que acostumbra dictar sentencia.
El domingo a las 6:00 pm se juega todo: honor, revancha y boleto a la final. Uno llega confiado, el otro herido… y el infierno no perdona distracciones.






















