Miles de personas de distintas partes del mundo se reunieron en Buñol, España, para participar en la tradicional “Tomatina”, una fiesta que cada año transforma las calles en un mar rojo de pulpa y risas. Durante una hora, unos 20 mil asistentes lanzaron 120 toneladas de tomates demasiado maduros, en medio de música, euforia y un ambiente comparable al de un festival de música electrónica.
Las fachadas de los edificios fueron cubiertas con lonas para protegerlas, mientras los participantes, muchos vestidos de blanco, terminaban completamente teñidos de rojo. Los camiones ingresaron con la munición bajo la guía de los organizadores, que abrieron paso entre la multitud. Aunque la única regla es aplastar los tomates antes de arrojarlos, algunos optaron por llevar gafas y tapones para evitar accidentes.

Este año, la “Tomatina” tuvo un significado especial: además de conmemorar sus 80 años de historia desde aquel primer lanzamiento en 1945, llevó el lema de “Tomaterapia” como símbolo de resiliencia tras las inundaciones que afectaron a la localidad en 2024. La fiesta, que solo se ha cancelado en dos ocasiones durante la pandemia, se ha convertido en un atractivo internacional que duplica por un día la población de Buñol.
El evento también sirvió de escenario para expresiones políticas, ya que un partido de izquierda respaldó a residentes que desplegaron banderas palestinas y carteles en rechazo a la ofensiva militar de Israel en Gaza. Para quienes critican el desperdicio, los organizadores aclararon que los tomates utilizados no son aptos para el consumo y se cultivan exclusivamente para la celebración, provenientes este año de una región a más de cinco horas de distancia.























