La muerte de Nnamdi Nkanu, hijo de 21 meses de la reconocida escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, ha provocado una fuerte sacudida en la opinión pública y ha puesto nuevamente bajo escrutinio al sistema de salud de Nigeria, el país más poblado de África.
El menor, uno de los gemelos de la autora, falleció el 7 de enero en el hospital privado Euracare Multispecialist de Lagos, a donde había sido ingresado para realizarse estudios diagnósticos, entre ellos una resonancia magnética. La familia tenía previsto trasladarlo posteriormente a Estados Unidos para recibir atención médica especializada.
Familiares de Adichie acusaron al hospital de negligencia médica grave. La cuñada de la escritora, la doctora Anthea Esege Nwandu, aseguró que al niño se le habría administrado una sobredosis de propofol para sedarlo, lo que derivó en un paro cardíaco. También señaló que el anestesista no habría seguido los protocolos médicos establecidos.
Según su testimonio, el menor sufrió el paro cuando era transportado desconectado del ventilador, y el propio director médico del hospital habría reconocido la posibilidad de una sobredosis. La familia calificó el hecho como una muestra alarmante de fallas estructurales en la atención médica del país y llamó a exigir responsabilidad y transparencia.
La portavoz familiar confirmó que ya se emitió una notificación legal contra el hospital, mientras que el gobierno del estado de Lagos ordenó una investigación oficial. Hasta el momento, Euracare no ha respondido públicamente a las acusaciones ni a las solicitudes de información.
El caso se suma a una larga lista de episodios que han evidenciado las deficiencias del sistema sanitario nigeriano, donde quienes tienen recursos suelen buscar atención médica en el extranjero. Recientemente, otros casos de presunta negligencia, incluidos fallecimientos evitables, han reavivado el debate nacional.
La crisis se agrava por la escasez de personal médico, consecuencia del éxodo de profesionales de la salud hacia otros países. Entre 2020 y 2024, entre 15 mil y 16 mil médicos emigraron, dejando a Nigeria con apenas 55 mil doctores para atender a una población estimada en 220 millones de habitantes.






















