El presidente Donald Trump lanzó su mensaje más duro en materia migratoria desde que volvió a la Casa Blanca, al anunciar que busca “pausar permanentemente la migración” desde lo que calificó como países “de tercer mundo” y revocar el estatus legal de inmigrantes para expulsarlos. En su publicación de Thanksgiving en Truth Social, culpó a los migrantes de la falta de vivienda, la “disfunción social” y sostuvo que solo una “migración en reversa” puede resolver estos problemas. Sus declaraciones surgieron tras el asesinato de una miembro de la Guardia Nacional en Washington D.C., hecho atribuido a un hombre afgano que ingresó al país bajo un programa para colaboradores de Estados Unidos en Afganistán.
El mandatario vinculó el tiroteo con la necesidad de revisar a fondo los casos de migrantes y anunció que su gobierno evaluará millones de green cards, como parte de una campaña que ya suma diez meses enfocada en reducir la población migrante. También prometió “poner fin” al ingreso de millones de personas llegadas durante la administración de Joe Biden y suspender beneficios federales a quienes no sean ciudadanos. Además, planteó la desnaturalización de individuos que su gobierno considere que “perturban la tranquilidad doméstica” y la deportación de quienes “no sean compatibles con la civilización occidental”. Paralelamente, su administración informó que filtrará a personas de 19 países considerados “de alto riesgo”.
Trump responsabilizó a los inmigrantes de índices delictivos, aunque diversos estudios contradicen esa afirmación. Investigaciones y análisis académicos muestran que la población nacida en el extranjero es menos propensa a cometer delitos, con menores tasas de encarcelamiento que los ciudadanos estadounidenses, una tendencia sostenida desde hace más de un siglo. Unos 50 millones de inmigrantes viven en Estados Unidos y llenan alrededor de 31 millones de empleos, por lo que un endurecimiento extremo de las deportaciones podría impactar la economía. Pese a ello, Trump insistió en que “muchas” personas migrantes provienen de “naciones fallidas” o de contextos delictivos, reproduciendo una narrativa que contradice la evidencia disponible.
Las medidas del presidente se han acompañado de una ola de redadas que ha sembrado temor en comunidades migrantes, afectando escuelas, obras y centros de trabajo. Tras el tiroteo en la capital, el sospechoso —Rahmanullah Lakanwal, de 29 años— fue detenido y enfrenta cargos por haber presuntamente viajado a Washington con la intención de disparar contra tropas. Una guardia murió y otro miembro sigue grave. Aunque Trump afirmó no culpar a toda la comunidad afgana, sí sostuvo que “ha habido muchos problemas por los afganos”, lo que vuelve a tensar el debate migratorio en un país históricamente definido por la llegada de nuevas poblaciones.






















