El gobierno de Donald Trump se alista para anunciar nuevas iniciativas relacionadas con el autismo, enfocadas en dos frentes: la revisión de investigaciones que sugieren un posible vínculo entre el uso de paracetamol durante el embarazo y un mayor riesgo de autismo en los hijos, y la promoción de la leucovorina como tratamiento potencial. El anuncio se espera en la Casa Blanca, donde funcionarios de salud planean advertir a mujeres embarazadas que eviten el uso de Tylenol en las primeras semanas de gestación, salvo en casos de fiebre.
En paralelo, se destacará a la leucovorina, un medicamento normalmente utilizado contra efectos secundarios de otros tratamientos y para la deficiencia de vitamina B9, como una opción experimental para niños con autismo. Ensayos clínicos han mostrado avances en habilidades de comunicación, lo que ha reavivado el debate sobre las causas y posibles tratamientos de la condición. Estos hallazgos han despertado expectativas y controversia dentro de la comunidad científica.
La iniciativa sobre autismo ha sido impulsada directamente por Trump, con el apoyo de funcionarios como Robert F. Kennedy Jr., actual secretario de Salud y Servicios Humanos, y el comisionado de la FDA, Marty Makary. La Casa Blanca ha calificado el anuncio como un “avance histórico”, mientras que el NIH lanzará una nueva estrategia de ciencia de datos para financiar investigaciones en torno a las causas y terapias del autismo. Sin embargo, la prisa en los anuncios ha generado preocupación entre expertos, quienes advierten que los estudios rigurosos requieren años de investigación.
El tema es particularmente sensible porque tanto Trump como Kennedy han expresado en repetidas ocasiones posturas polémicas sobre el autismo, incluyendo teorías de vínculos con las vacunas, las cuales han sido desmentidas científicamente. Bajo el liderazgo de Kennedy, incluso se contrató a David Geier, un investigador asociado con estas ideas, lo que alimenta críticas de que la iniciativa podría abrir un frente de tensión con la comunidad médica y la industria farmacéutica. Aun así, el gobierno sostiene que la prioridad es encontrar respuestas frente al incremento en los diagnósticos de autismo en Estados Unidos, que afecta actualmente a uno de cada 31 niños de 8 años, frente a uno de cada 150 en el año 2000.






















