Un rompehielos de la Guardia Costera de Estados Unidos liberó el 17 de enero de 2026 a un crucero de expedición australiano que había quedado atrapado en hielo marino cerca del mar de Ross, en la Antártida, permitiendo que el viaje continuara sin contratiempos.
El incidente involucró al Scenic Eclipse II, que transportaba a casi 400 personas entre pasajeros y tripulación, y se dirigía hacia Nueva Zelanda cuando quedó inmovilizado a unos 15 kilómetros de la costa en una zona habitual para expediciones científicas y turísticas.
De acuerdo con la Guardia Costera estadounidense, la tripulación del crucero solicitó asistencia al notar que el avance del buque se reducía de forma considerable debido a la acumulación de hielo marino, lo que hacía imposible continuar sin apoyo especializado.
La ayuda llegó a través del rompehielos Polar Star, el único rompehielos pesado operativo de Estados Unidos, que se encontraba en la región como parte de la Operación Deep Freeze, misión anual destinada a apoyar la logística de las bases científicas en la Antártida.
El Polar Star acudió de inmediato al llamado y realizó dos maniobras de aproximación para fracturar el hielo que rodeaba al crucero, escoltándolo posteriormente hasta aguas abiertas, sin que se reportaran heridos ni daños materiales.

El episodio ocurrió durante el verano austral, temporada alta de navegación en la Antártida, caracterizada por condiciones meteorológicas cambiantes y una configuración impredecible del hielo marino, lo que incrementa los riesgos para la navegación turística.
El rompehielos Polar Star, comisionado en 1976 y con base en Seattle, puede romper capas de hielo de hasta 6.5 metros de espesor y cumple funciones clave en la región, como abrir rutas de abastecimiento, apoyar investigaciones y atender emergencias.
Por su parte, el Scenic Eclipse II es un buque de expedición de alta gama, con casco reforzado para navegación en hielo y capacidad para más de 200 pasajeros, aunque su potencia no es comparable a la de un rompehielos diseñado para campos de hielo compacto.
Durante la operación, los pasajeros observaron desde las cubiertas cómo el Polar Star liberaba al buque, mientras la compañía operadora mantenía informados a los ocupantes y descartaba riesgos inmediatos para su seguridad.
La empresa australiana destacó la rápida respuesta y la cooperación de la tripulación estadounidense, lo que permitió retomar el itinerario original y continuar el viaje conforme a lo programado hacia Nueva Zelanda.
Especialistas señalan que, aunque los cruceros polares cuentan con tecnología avanzada, en casos de hielo denso el procedimiento estándar es reducir la velocidad y solicitar apoyo de rompehielos, como ocurrió en este caso.
El rescate coincidió con el 50 aniversario de servicio del Polar Star, subrayando su papel central en la seguridad y logística de la navegación antártica y la importancia de la cooperación internacional.
El incidente reafirmó la necesidad de contar con rompehielos operativos y protocolos claros para garantizar la seguridad de expediciones turísticas y científicas en la Antártida, donde las condiciones del hielo marino siguen siendo altamente imprevisibles.






















