Dos miembros de la Guardia Nacional resultaron gravemente heridos tras un ataque a menos de dos cuadras de la Casa Blanca en Washington D.C. La agresión llevó a que ambos fueran hospitalizados en estado crítico, mientras que el presidente Donald Trump confirmó los hechos a través de Truth Social, calificando el tiroteo como un “acto de maldad, odio y terror”. El sospechoso fue neutralizado por otros elementos presentes en la zona.
Las autoridades informaron que el atacante, identificado por Trump como un ciudadano afgano que ingresó al país en 2021, abrió fuego al “doblar la esquina”, disparando de inmediato contra los soldados. Otros miembros de la Guardia Nacional lograron someterlo tras responder al ataque. El hecho provocó un breve confinamiento en la Casa Blanca y la suspensión temporal de vuelos en el principal aeropuerto de la capital, en vísperas del Día de Acción de Gracias.
Tras el incidente, el gobierno de EE.UU. suspendió temporalmente el procesamiento de solicitudes de inmigración de ciudadanos afganos, mientras el FBI anunció una investigación federal. Trump también señaló que “reexaminará” a los afganos que ingresaron durante la administración Biden. La alcaldesa de Washington afirmó que el ataque fue “dirigido”, aunque se desconocen los motivos.
Testigos presenciales relataron a la BBC que escucharon entre dos y cinco disparos, lo que provocó pánico entre las personas cercanas al área, algunas de las cuales intentaron refugiarse en comercios locales. Imágenes grabadas por un automovilista mostraron a los dos miembros de la Guardia Nacional tendidos en el suelo mientras recibían atención médica, al igual que el presunto atacante.
El suceso se registró en una zona muy concurrida y cercana a la Casa Blanca, aunque el presidente Trump no se encontraba en la ciudad al momento del ataque. El gobernador de Virginia Occidental, Patrick Morrisey, llegó a reportar que los soldados habían fallecido, pero más tarde corrigió la información ante reportes contradictorios sobre su estado.
La Guardia Nacional había sido desplegada en Washington desde agosto como parte de una estrategia de Trump contra la delincuencia y el aumento de personas sin hogar en espacios públicos. Su presencia ha sido motivo de críticas por parte del gobierno local debido a sus funciones limitadas y la naturaleza del despliegue.
Tras el ataque, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó que Trump ordenó reforzar la seguridad enviando 500 elementos adicionales de la Guardia Nacional a la capital, en un intento por aumentar la vigilancia y responder a la creciente tensión en la ciudad.






















