El Atlético de Madrid no ganó… arrasó. El 4-0 sobre el Barcelona en la semifinal de Copa del Rey fue un mensaje directo al fútbol español.
Julián Álvarez abrió el camino con determinación, Antoine Griezmann apareció en noche grande, Ademola Lookman castigó con velocidad y un autogol de Eric García terminó por inclinar la balanza. Intensidad, presión alta y contundencia quirúrgica: el equipo de Diego Simeone ejecutó un partido casi perfecto.
En el papel, la eliminatoria parece sentenciada, pero el Atlético sabe que administrar ventajas también implica tensión.
La pregunta no es si tiene futbol para avanzar, sino si manejará la presión cuando el Barcelona salga obligado a remontar.
El mensaje está enviado: los colchoneros quieren la final. Falta el último golpe.






















