La tercera entrega de la saga de James Cameron, Avatar: Fuego y cenizas, llega a los cines envuelta en una fuerte expectativa, pero también en una recepción crítica dividida. Aunque la franquicia ha sido históricamente un fenómeno comercial desde Avatar (2009) y La forma del agua (2022), esta nueva película ha generado debates más marcados entre especialistas y medios.
En plataformas como Rotten Tomatoes, Fuego y cenizas registra una aprobación crítica cercana al 70%, un porcentaje menor al de sus predecesoras. Si bien no se trata de una calificación negativa, refleja un entusiasmo más moderado por parte de la prensa especializada, que cuestiona la capacidad de la saga para reinventarse narrativamente tras más de una década de continuidad.
Las opiniones de la crítica han sido extremas. Medios como Variety elogian la espectacularidad visual y la intensidad de la acción, llegando a considerarla superior a El sentido del agua. En contraste, The Hollywood Reporter describe la película como “repetitiva”, mientras que la BBC la califica de “anticuada”, señalando que su estructura y discurso no logran evolucionar al ritmo de sus ambiciones técnicas.
Uno de los principales señalamientos críticos apunta a que Cameron vuelve a apostar por fórmulas conocidas: el enfrentamiento entre humanos y Na’vi, la amenaza colonial y la épica ambientalista, ahora con la introducción del Pueblo de las Cenizas y la villana Varang, interpretada por Oona Chaplin. Para algunos analistas, estos elementos refrescan el universo de Pandora; para otros, solo maquillan un relato que ya se ha contado antes.
Aun así, la historia de la saga demuestra que la tibia recepción crítica no ha sido un obstáculo para el éxito comercial. Las dos primeras películas tampoco alcanzaron puntuaciones sobresalientes entre especialistas y, sin embargo, dominaron la taquilla mundial. De hecho, antes incluso de su estreno, Fuego y cenizas ya fue nominada al Globo de Oro por Logro en taquilla, ignorando por completo las reservas de la crítica.
En ese contexto, Avatar: Fuego y cenizas parece repetir el patrón de la franquicia: cuestionada por su narrativa, pero celebrada como experiencia cinematográfica total. Mientras los críticos debaten sobre su originalidad o desgaste creativo, Cameron insiste en un cine espectacular que prioriza la inmersión y la emoción colectiva, confiando en que, una vez más, el público será el juez definitivo.






















