Fundado en 1916, el FK Bodø/Glimt es el gran emblema del norte de Noruega.
Con sede en Bodø, ciudad ubicada sobre el Círculo Polar Ártico y de apenas 55 mil habitantes, el club creció entre inviernos interminables y veranos de sol de medianoche.
Su casa, el Aspmyra Stadion, para 8 mil personas, se convirtió en fortaleza europea; ahora el proyecto apunta más alto con el Arctic Arena, un estadio moderno y ecológico para más de 10 mil aficionados que simboliza ambición institucional.
Históricamente relegado por el centralismo del fútbol noruego, el club vivió discriminación estructural hasta los años 70.
El descenso en 2017 fue punto de quiebre: apostó por jóvenes, consolidó un modelo sostenible y, bajo la dirección de Kjetil Knutsen, conquistó su primera liga en 2020 de forma invicta y luego dominó la Eliteserien.
Hoy, tras vencer a gigantes como Manchester City, Atlético de Madrid e Inter en competiciones europeas recientes, el “Glimt” dejó de ser sorpresa: es proyecto, identidad y autoridad nacida en el hielo.






















