David Picasso viajó a Arabia Saudita con el objetivo de vencer a Naoya Inoue, uno de los mejores boxeadores libra por libra de la actualidad. Aunque no logró la hazaña, llevó el combate hasta la decisión de los jueces, que dieron el triunfo por unanimidad al japonés, quien retuvo los cinturones supergallo del CMB, AMB, OMB y FIB.
La historia de Picasso rompe con el estereotipo tradicional del boxeador mexicano. Originario de Tepito, es también estudiante de neurociencias en la UNAM, un perfil que refleja la transformación del boxeo nacional, donde cada vez más jóvenes ven el ring no solo como una vía de subsistencia, sino como una industria capaz de generar grandes fortunas y estabilidad a largo plazo.
Veteranos como Alfonso Zamora han señalado este cambio generacional, destacando que los nuevos pugilistas ya no pelean únicamente para cubrir necesidades básicas, sino para asegurar el futuro de varias generaciones. De acuerdo con versiones periodísticas, Picasso habría ganado cerca de 2 millones de dólares por la pelea, mientras que Inoue habría obtenido alrededor de 15 millones.
Estas cifras se explican por el papel de Arabia Saudita como nuevo epicentro del deporte mundial, impulsado por una fuerte inversión estatal que busca posicionar al país como sede de grandes espectáculos. Riad se ha convertido en la nueva meca del boxeo, desplazando a escenarios históricos como Las Vegas, en una estrategia conocida como “sportswashing”.
En esa ruta ya transitó Saúl “Canelo” Álvarez con un contrato millonario, y ahora David Picasso dio sus primeros pasos en ese escenario global. Aunque su fama internacional aún es limitada, la oportunidad de disputar un título mundial ante Inoue representó un escaparate clave para consolidarse como promesa del boxeo mexicano.
Previo al combate, la mayoría de las opiniones apuntaban a un nocaut temprano a favor del japonés. Sin embargo, Picasso sorprendió al resistir los 12 rounds, aunque su falta de potencia y una molestia en la nariz limitaron su rendimiento conforme avanzó la pelea, permitiendo que Inoue controlara el combate con claridad.
El campeón japonés dominó con su precisión, velocidad y potencia, características que lo han llevado a sumar 27 nocauts en 32 peleas. Aun así, no logró finalizar a Picasso, lo que generó cierta insatisfacción en Inoue, quien reconoció que su actuación no fue la mejor pese a la victoria contundente en las tarjetas.
Especialistas coincidieron en que Picasso ganó experiencia valiosa. Aunque aún le falta fuerza y condición para alcanzar la élite, demostró resistencia, puntería y velocidad. El propio boxeador aseguró que, pese a la derrota, se siente ganador y decidido a seguir luchando, mientras el boxeo mexicano espera que esta nueva generación consolide un nuevo ídolo mundial.






















