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Dentro de la fábrica mexicana de sueños y pesadillas en ‘stop motion’ apadrinada por Guillermo del Toro

por | Oct 13, 2025

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En una bodega de la colonia Olivar de los Padres, en la Ciudad de México, se esconde un universo paralelo donde los sueños y las pesadillas cobran vida. Ahí, los hermanos Arturo y Roy Ambriz han levantado Cinema Fantasma, el estudio de animación responsable de Soy Frankelda, la primera película mexicana en técnica de stop motion que llegará a cartelera el 23 de octubre. Inspirados por sagas como El señor de los anillos y Harry Potter, los creadores diseñaron el “Topus Torrentus”, un mundo donde su protagonista, una escritora del siglo XIX, enfrenta a los monstruos que ella misma ha imaginado.

El proyecto, realizado completamente en Ciudad de México, representa un hito en la animación mexicana. Mientras que en el país solo se habían producido fragmentos de películas internacionales como Pinocho de Guillermo del Toro, Soy Frankelda se desarrolló íntegramente en territorio nacional, con más de 90 minutos animados cuadro por cuadro. Su nivel técnico y artístico llamó la atención del propio Del Toro, quien se ha convertido en un mentor y amigo de los hermanos Ambriz, al punto de aconsejarlos y acompañarlos en el proceso creativo, como un “Gandalf” moderno, según ellos mismos.

El trabajo detrás de la película combina arte, paciencia y precisión. En los talleres de Cinema Fantasma se fabricaron cientos de piezas artesanales: manos, rostros y esqueletos de las marionetas, moldeados en silicona, alambre o acero. Cada segundo de animación requirió 24 fotografías, en un proceso de más de tres años de trabajo colaborativo. Roy Ambriz define esta técnica como “un antídoto a la inteligencia artificial”, porque celebra la creatividad humana y el trabajo manual.

Uno de los mayores retos fue mantener la esencia mexicana sin recurrir a clichés. Los guiños al país se encuentran en las marionetas, los escenarios y los mitos representados, desde aluxes y ceibas hasta una versión monstruosa de Porfirio Díaz. Todo fue creado a mano, sin efectos digitales, en 50 sets distintos. “Queríamos que cada detalle contara una historia”, explicó Arturo, quien subraya que la película es también un homenaje al arte y la tradición visual de México.

El apoyo de Guillermo del Toro fue clave en las etapas finales del proyecto. El director de El laberinto del fauno los impulsó a añadir nuevas escenas semanas antes del estreno y los invitó a acompañarlo a Londres y Canadá para aprender sobre composición musical y mezcla sonora. Para los Ambriz, su guía ha sido una “masterclass privada” y un reconocimiento al talento nacional en una industria dominada por los grandes estudios extranjeros.

Una de las secuencias más simbólicas surgió de un sueño de Roy, en el que Frankelda se enfrenta a su reflejo y se pregunta si debe rendirse. La escena, que fue agregada a último momento tras la recomendación de Del Toro, se convirtió en un reflejo del propio camino de los hermanos: años de esfuerzo, dudas y perseverancia para llevar su visión al cine. “Frankelda ronda nuestros sueños”, afirma Roy, recordando los días en que su proyecto parecía solo un cortometraje.

Hoy, después de más de una década desde que comenzaron animando en la azotea de la casa de sus padres, Arturo y Roy Ambriz han logrado construir un nuevo referente para la animación mexicana. Con Soy Frankelda, buscan que México se consolide como uno de los mejores lugares del mundo para hacer stop motion, demostrando que la imaginación, la técnica y el arte hechos a mano aún pueden competir con los gigantes del cine.

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