La Selección Mexicana atraviesa un momento incómodo y revelador.
El empate 0–0 ante Uruguay dejó más silencios que sonrisas, y desde el primer minuto el ambiente en La Laguna fue tenso.
La afición abucheó sin reservas, dejando claro que la paciencia está agotada.
El enojo estalló especialmente por la decisión de alinear a ‘Tala’ Rangel en lugar de Acevedo, una elección que encendió la inconformidad en las tribunas.
En la cancha, la frustración también fue evidente, sobre todo en Edson Álvarez, cuyo “Qué lindo es estar en casa…” sonó más a desahogo que a bienvenida.
Los gritos de “¡Fuera Aguirre!” terminaron por marcar la noche. Javier Aguirre respondió con diplomacia, aceptando el derecho de la afición a expresarse, aunque fue evidente que entiende que la crisis va más allá de él.
Dentro del vestidor, las declaraciones de Raúl Jiménez y Chiquito Sánchez —haciendo alusión a que “por algo jugaban en Estados Unidos”— tampoco ayudaron. En un momento donde se necesitaba unidad, sus palabras sonaron a reproche.
Cinco partidos sin ganar, un equipo sin rumbo y una afición que ya no compra discursos dibujan un panorama crítico.
El duelo del martes 18 ante Paraguay será determinante: puede ser otra caída… o el primer paso hacia una Selección más sólida, consciente y comprometida. El margen de error ya no existe.






















