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¡Hasta la próxima! Entre libros, risas y memoria: Culiacán despide su Feria Internacional del Libro 2025 al ritmo de Francisco Céspedes

por | Nov 16, 2025

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Claudia Araujo

Culiacán, Sinaloa-. El Centro de Culiacán amaneció distinto en su último día de feria: como si los pasos de las más de 106 mil personas que durante seis jornadas llenaron sus calles hubieran dejado una energía imposible de disimular.

La Feria Internacional del Libro Culiacán 2025, ya consolidada como uno de los encuentros culturales más importantes del noroeste del país, se despedía entre voces, historias y un ambiente de fiesta literaria que parecía no querer terminar.

Desde temprano, la ciudad tomó ritmo de celebración, mientras en la plazuela Álvaro Obregón los visitantes recorrían los 70 stands repletos de novedades editoriales, en el Auditorio MIA las letras abrían puertas a la memoria, la justicia y los territorios íntimos del norte.

Memoria viva en el Auditorio MIA, la jornada inició con un silencio respetuoso que pronto se volvió reflexión compartida, el escritor Leonidas Alfaro presentó “Quién mató a Javier Valdez”, un libro que rehúye lo evidente para explorar la ausencia del periodista que aún camina, simbólicamente, por las calles de su ciudad.

Entre anécdotas, evocaciones y la frase que resonó como un compromiso “Fallar a la verdad es traicionarme a mí mismo” el público hizo suyo el acto, recordando al “Bato” con cariño y rabia contenida.

Después, el ambiente viró hacia una sinfonía literaria sin forma estable, el poeta y narrador Alain Derbez compartió Antes muerto, una obra que podría ser novela, memoria o ensayo, pero que en realidad es un torrente sonoro donde la figura de Emma Goldman y el anarquismo dialogan con preguntas existenciales.

El público escuchó, casi en trance, cómo las palabras podían oler a librería de viejo y a pensamiento renovado.

Títeres, risas y asombro en el Foro Infantil

A unos pasos de ahí, en el Foro Infantil, la mañana tenía otro tono: risas constantes.

El grupo argentino Sakados del Tacho conquistó a niños y adultos por igual con sus títeres el Sapo S, la Sapa Tota, el Chino Bil, el Gringo, el Chivito que se quedaron con el corazón del público desde la primera ocurrencia.

“Te invité a la Feria del Libro para recorrerla juntos y te traje un chocolate para que me des un besito…” dijo el enamorado Sapo S, provocando una ola de carcajadas que selló uno de los momentos más entrañables del día.

Una feria que volvió grande a la ciudad

Mientras la mañana avanzaba, el escritor Pedro Ochoa destacaba el significado profundo de esta edición: el regreso de una feria que había permanecido en pausa dos años, la suma de esfuerzos entre instituciones y la respuesta multitudinaria de la gente.

Recordó imágenes que parecían postales vivas: los teatros llenos, la fila interminable de adolescentes cargando cartulinas gigantes con las portadas de García Márquez, el encuentro inesperado con una parte olvidada de su historia familiar en Quilá. La feria, aseguró, no solo reunió libros, sino también afectos.

En la segunda parte de la jornada literaria, el Auditorio MIA volvió a llenarse para escuchar al reconocido narrador Eduardo Antonio Parra, quien presentó la nueva edición de Nostalgia de la sombra, su primera novela.

El autor llevó al público por los paisajes duros del norte y por la mente de Ramiro Mendoza, un gatillero que entiende la muerte como trámite y destino.

Luego, el periodista José Rodríguez subió al escenario para presentar Manual de supervivencia: Hágale como quiera. Con humor y crudeza, abordó lo que nadie enseña pero todos enfrentan: lidiar con el SAT, navegar herencias conflictivas, distinguir inversiones de fraudes, o sobrevivir al IMSS, el público rió, asintió y tomó notas como si estuviera presenciando una clase práctica de vida adulta.

Al caer la tarde, el ambiente tomó un matiz de expectación, familias enteras, grupos de jóvenes y parejas comenzaron a congregarse frente al escenario principal, la ciudad, que había sido territorio de letras durante una semana completa, se preparaba para despedir la feria con música.

A las 7 de la noche, el inconfundible timbre de Francisco Céspedes cruzó el aire tibio de noviembre, entonces, algo se alineó: los asistentes más de los que cualquier cálculo previo había anticipado cantaban casi al unísono las canciones, mientras las luces coloreaban la plazuela, el concierto se convirtió en un abrazo colectivo, una celebración que unía generaciones y que cerraba la feria con la emoción de un bolero hecho presente.

Una despedida que ya parece promesa

Cuando las últimas notas se apagaron, quedaron los ecos: los niños todavía repitiendo chistes del Sapo S, los lectores mostrando orgullosos sus libros recién adquiridos, los comentarios sobre aquella frase o aquella presentación que conmovió más de la cuenta, los aromas de la gastronomía local, el brillo de los fotógrafos, la sensación de que seis días fueron pocos.

La Feria Internacional del Libro Culiacán 2025 no solo llenó el centro de la ciudad; lo transformó, se convirtió en un espacio donde caben la memoria, la risa, la reflexión, la música y la comunidad.

Y mientras el público se retiraba lentamente, era evidente que esta edición robusta, emotiva, multitudinaria dejó sembrada una certeza compartida:

La feria no terminó, comenzó a esperar su regreso.

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