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Inundaciones en la CDMX: décadas de mala gestión y abandono agravan la crisis

por | Ago 13, 2025

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Las inundaciones que cada año afectan a la Ciudad de México no son únicamente consecuencia de lluvias intensas, sino del abandono institucional, la falta de mantenimiento y una gestión urbana deficiente acumulada por décadas. Expertos como Víctor Magaña, doctor en Ciencias Atmosféricas de la UNAM, rechazan la idea de culpar a la naturaleza: “La culpa no es de Tláloc, ni la naturaleza nos está castigando”. El problema, afirma, está en un sistema de captación y drenaje sin mantenimiento, la autorización de asentamientos en zonas de riesgo y la ausencia de medidas preventivas que podrían ejecutarse con meses de anticipación.

En zonas como Tláhuac y Magdalena Contreras, familias enteras improvisan bardas y elevan pisos para evitar que el agua entre a sus viviendas. Sin embargo, estas soluciones caseras apenas mitigan el daño, mientras las autoridades reparten culpas y prometen apoyos que muchas veces no llegan. Vecinos denuncian que la recolección de basura es irregular, lo que agrava el taponamiento de coladeras y el desbordamiento de canales. El sociólogo Carlos Contreras califica esta situación como un “círculo vicioso” donde cada tormenta colapsa el transporte y la respuesta oficial es mínima.

El cambio climático ha intensificado las lluvias, con registros históricos como los 298 milímetros caídos el último julio, el doble del promedio. Sin embargo, especialistas señalan que el verdadero detonante es la gestión urbana: la ciudad carece de separación entre drenaje pluvial y sanitario, las presas no están diseñadas para captar y tratar agua de lluvia, y se siguen construyendo complejos habitacionales en suelos que se hunden o inundan. “Vivimos en una paradoja en la que no hay agua, pero la ciudad se inunda”, resume Magaña.

La historia demuestra que el problema no es nuevo: desde inundaciones que duraron meses en la época virreinal hasta obras como el Túnel de Tequixquiac durante el Porfiriato, que tampoco resolvieron el dilema. Hoy, el drenaje profundo de la capital, uno de los más grandes del mundo, opera con presupuesto limitado y prioriza el abastecimiento de agua sobre su mantenimiento. Sin inversión e interés político, advierte el investigador Manuel Perló, no se implementarán soluciones probadas como humedales urbanos o canchas inundables. Mientras tanto, el ciclo se repite: lluvia, colapso, promesas y vecinos que vuelven a enfrentar solos las consecuencias.

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