El ejército israelí incrementó este miércoles sus ataques aéreos en el sur de Líbano, acción que dejó al menos una persona muerta, como parte de una campaña casi diaria destinada —según Israel— a impedir que Hezbollah reactive su presencia militar en la frontera. Mientras tanto, el grupo respaldado por Irán sostiene que ha respetado las exigencias de retirarse de la zona y permitir el despliegue del ejército libanés.
Durante la jornada, Israel emitió advertencias en redes sociales señalando edificios que serían atacados en cuatro pueblos del sur, lo que provocó la huida de habitantes. Las localidades de Deir Kifa, Chehour, Aainata y Tayr Filsay fueron blanco de los bombardeos, que produjeron gruesas columnas de humo y aumentaron el temor entre los residentes.
El Ministerio de Salud libanés informó que una persona murió en un ataque israelí en el pueblo de Al-Tiri, mientras que Israel afirmó que la víctima pertenecía a Hezbollah y buscaba «restablecer la posición» del grupo en la frontera. Estas acciones se suman a un contexto de creciente tensión desde el alto el fuego del año pasado.
El martes, Israel llevó a cabo uno de sus ataques más mortales desde la guerra previa, al bombardear un campo de refugiados palestinos cerca de Sidón, donde 13 personas murieron según autoridades libanesas. El ejército israelí aseguró que el objetivo era un complejo utilizado por Hamas para organizar ataques contra Israel.
Hamas negó rotundamente la acusación, calificándola de “pura invención”, y afirmó que no existen instalaciones militares en los campos de refugiados. Un funcionario del grupo dijo además que ninguna de las víctimas pertenecía a Hamas, lo que alimenta aún más la controversia sobre el ataque y sus consecuencias humanitarias.






















