La Selección Mexicana Sub-17 quedó eliminada del Mundial tras caer 5–0 ante Portugal, un marcador tan duro como engañoso.
El equipo juvenil venía mostrando un proceso sólido, competitivo y con varios nombres que empezaban a llamar la atención por su talento y personalidad dentro del campo.
Fue un grupo que generó ilusión y expectativa, demostrando carácter y un futbol que invitaba a pensar en un futuro prometedor.
A pesar del resultado abultado, la goleada no refleja lo que México había construido a lo largo del torneo.
Más que un fracaso, este partido debe verse como un tropiezo dentro de un camino que apenas comienza.
La entrega, el crecimiento y el potencial de esta generación apuntan a un horizonte alentador; lo de hoy no es un final, sino el primer capítulo de un proceso que invita a seguir de cerca a estos jóvenes.






















