La actriz Alicia Caro, reconocida por su extensa trayectoria en el cine de oro mexicano, falleció el 17 de marzo a los 95 años en su domicilio de la alcaldía Coyoacán en la Ciudad de México.
Su muerte, confirmada oficialmente el 25 de marzo por sus familiares y la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), representa el final de una era que unió la historia cinematográfica de Colombia y México a través de su presencia en pantalla.
El deceso de Alicia Caro, cuyo verdadero nombre era Beatriz Segura Peñuela, se conoció días después de ocurrido. La diferencia entre la fecha de la muerte y su difusión permitió a sus allegados preservar momentos de intimidad.
En su carrera, Caro consolidó su lugar como uno de los rostros más emblemáticos del cine mexicano clásico, con participaciones junto a figuras de la talla de Pedro Armendáriz, Fernando Soler y Germán Valdés “Tin Tan”.
Alicia Caro, nacida el 8 de julio de 1930 en Bogotá, emigró a México en 1939 junto a su madre. Su vocación artística fue alentada por la actriz Libertad Lamarque, quien la recomendó ante el director Miguel Zacarías. Tras formarse en actuación y dicción, debutó en 1947 en la película Soledad y, a partir de entonces, adoptó el nombre artístico al que su legado quedaría asociado.
Uno de los datos que distinguen la carrera de Alicia Caro es su participación en La hija del engaño (1951), dirigida por Luis Buñuel, así como en clásicos de la comedia como El ceniciento (1952) y Chucho el remendado (1952) al lado de Tin Tan.
En el género urbano, su trabajo en Los Fernández de Peralvillo (1954) es considerado una pieza fundamental dentro de la tradición mexicana.
La actriz también intervino en producciones consideradas de culto, como Muchachas de uniforme (1951), y mostró versatilidad al incursionar en el cine de suspenso y terror en los años sesenta, con títulos como Cien gritos de terror y Espiritismo. Su última participación cinematográfica fue en El tesoro de Clotilde en 1994.
Alicia Caro comenzó su carrera en México con el nombre real de Beatriz Segura Peñuela, pero tras su debut, su identidad artística se impuso. Permaneció en el país aun después de su retiro en 1995, encontrando en la Ciudad de México su hogar definitivo y alejándose poco a poco de la vida pública.
El análisis de los registros históricos confirma que Alicia Caro llegó a México en 1939, estableciéndose en la capital y descubriendo en la juventud su inclinación por la danza y la actuación.
Entre sus vínculos personales destaca su matrimonio con el poeta Fernando Arbeláez y, posteriormente, con el actor Jorge Martínez de Hoyos, con quien mantuvo una relación hasta el fallecimiento de él en 1997.
Alicia Caro permaneció alejada de los reflectores tras su retiro, residiendo en Coyoacán hasta su muerte. Las causas del fallecimiento no fueron reveladas por su familia.






















